miércoles, 6 de diciembre de 2017

Paseo por Buenos Aires

Hugo José Suárez

Debo admitir que siento una fascinación extraña con Buenos Aires. Es de lejos uno de los lugares que más me gusta visitar. Muchos dirán que lo mío no es más que una imagen turística y apresurada, pero me voy a permitir compartir mis impresiones en estas líneas.

Es curioso que una ciudad con millones de habitantes tenga un amplio anillo central generoso con el peatón. Caminar por las espaciosas veredas es agradable, la compañía de los autos no perturba, se respeta el cruce en las esquinas, los semáforos, los tiempos para cada quien. El transporte público es muy cómodo, uno se desplaza con facilidad. La cantidad de cafés en cada cuadra le da vida a la calle, convirtiendo el espacio público urbano en un lugar de encuentro, de intercambio, de deleite. Con unos amigos apostábamos a que uno puede dirigirse en cualquier dirección y caminará un buen tramo sin toparse con una horrible avenida que impida el tránsito o un condominio de puertas cerradas. Entretanto, la seguridad es razonable comparada con otros países latinoamericanos. La arquitectura, aunque descuidada en algunos lugares, guarda cierta homogeneidad y estética.

Mi contraste directo es la Ciudad de México -que amo y habito- y también es una urbe hermosa, pero cuyos desfases son desesperantes. Si desde el Zócalo uno camina derecho en cualquier dirección, las primeras cuadras serán esplendorosas, incomparables por su majestuosidad, pero no tardará mucho en toparse con una horrenda avenida que no le permita el paso, el deterioro irreversible de construcciones, comercio informal abrumador, las agresiones de coches o de otros peatones, sin contar el incremento de la inseguridad paso a paso.

Me pregunto qué hicieron en Buenos Aires para que la vida urbana sea tan cómoda, cuál fue la fórmula para conjugar el paso de los peatones, las necesidades de desplazamiento, la cotidianidad en el medio de una gran ciudad.

Entre mis visitas, me concentro en la inevitable escapada a la librería Ateneo, antiguo teatro hoy devenido en palacio de libros. El lugar es una maravilla, una invitación a caminar entre títulos y estantes, y detenerse, guiados por el azar, en un autor no programado. Como imaginarán, mi tarjeta de crédito sufrió los embates de mi paso por ahí. Salí con la bolsa llena.

Pero quiero concentrarme en un texto que me conmueve: El salto de papá (2017), de Martín Sivak. El autor escribió varios textos sobre Bolivia. Lo conocí cuando publicó El asesinato de Juan José Torres (1997) -hice una reseña años atrás-, luego se dedicó a la biografía no autorizada de Hugo Banzer (2001), y finalmente el exitoso retrato de Evo Morales: Jefazo (2008). En todo ese tiempo visitó muchas veces Bolivia, alguna vez se alojó en casa de mi madre y entrevistó a mi abuelo cuando todavía estaba vivo.

Pero este nuevo título, que lo compré sin dudar, es especial. Se trata de la narración sobre el suicidio de su padre, para lo cual revisa su pasado familiar, la historia del secuestro y asesinato de su tío, y en medio los entretelones de la dictadura y la democracia argentina. Su pluma ágil y la intención de llegar al gran público, hicieron que el libro se reedite cuatro veces en cuatro meses; un éxito impresionante. Aunque la verdad a mí me llama desde otro lado.

Resulta que tengo pendiente escribir un libro sobre la muerte de mi padre Luis Suárez Guzmán el 15 de enero de 1981 en manos de la dictadura de García Meza. Al leer a Sivak, sentado en un café de la Avenida 9 de julio, empezaba a hacer lo que sería el índice del texto pendiente. Con el libro de Martín en la mano, miraba con cierta admiración la posibilidad de sentarse frente a la pantalla y dejar que fluya una historia tan difícil como la muerte de papá. No sé si lo haré, si lograré atravesar la barrera de las emociones, o más bien si las podré organizar para que guíen mis palabras. Se verá, por lo pronto las letras de Sivak me hicieron fantasear en el proyecto todavía no cumplido.


El caso, como decía, es que Buenos Aires es una ciudad maravillosa, provocadora y desafiante.

Publicado en el Diario el Deber, 03/12/17

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El azul de La Habana



Hugo José Suárez

Un amigo me lo advirtió: en cuanto termines de leer la primera página de alguna novela de Leonardo Padura, sentirás el calor de La Habana y empezarás a sudar. Me parecía una exageración, pero no fue así. El autor cubano tiene muchas virtudes, una de ellas es su capacidad para transportarte al ambiente caribeño con una precisión sensorial que asombra; todo con palabras. Casi sin darte cuenta, con las primeras letras te sientes en el malecón respirando aire húmedo.

Tenía enorme curiosidad por conocer al premio Princesa de Asturias 2015, aquél que afirma que escribir es “algo tan sagrado como doloroso”, así que cuando supe que la UNAM le otorgaría el doctorado honoris causa (2017) y que iba a dar una charla en el Centro Cultural Universitario, bloqueé mi apretada agenda para ir a escucharlo.

Su conferencia se concentró en la construcción de la idea de ciudad desde la narrativa, pensando, desde luego, a partir de los escritores cubanos. Ya había leído algo suyo sobre el tema en Vientos de Cuaresma, de donde me guardé la frase: “Y aunque me quiera rebelar, esta ciudad me tiene agarrado por el cuello y me domina, con sus últimos misterios” (p. 138). Me llamó mucho la atención un artículo llamado precisamente La ciudad y el escritor (Milenio 19/08/2017) en el cual contaba su compromiso innegociable con La Habana. Desde sus abuelos, decía, pertenece no sólo a esa urbe, sino a su barrio del cual no quiere moverse. Imposible pensarse afuera.  

Me sorprendió su manera de entender la isla como introspección. Yo como paceño siempre he asociado el mar con la libertad, pero Padura entiende la playa como frontera, como muralla, como el límite de su horizonte. Nosotros que vivimos en la montaña, tenemos algo en común con los isleños. La isla y la cueva son, al final del día, un mismo tipo de aislamiento, una manera similar de vivir un encierro.

Pero volviendo al escritor, cuando leí sus textos me sorprendió su capacidad de observación aguda. Su fabuloso personaje, el detective Mario Conde, utiliza la plataforma de una trama típica de detectives para penetrar en los pliegues más recónditos de la sociedad cubana, esos que el régimen oculta y que la crítica norteamericana jamás alcanzará a ver. Sólo él, un cubano de verdad, puede mostrar la corrupción, la miseria de las formas políticas ordinarias, las contradicciones de un proceso político y social con tantas aristas. Sólo él puede decir, por ejemplo, algo así: “Demasiado calor en este país para que germine la filosofía” (Vientos de cuaresma, p. 120). Y en medio la vida cotidiana.

Pero además el autor logra meterse a dimensiones más complejas de la fabricación de personas y personalidades. En su libro El hombre que amaba a los perros, donde narra paso a paso la vida de Ramón Mercader, el infiltrado estalinista que mató a Trotsky en México en 1940, analiza una trayectoria compleja del militante y espía que la historia construye con un solo objetivo, que, por cierto, lo cumple a cabalidad. En esa triste narración se desnuda la militancia tan romántica como ortodoxa que puede terminar tocando -y abriendo- cualquier puerta.

Confiesa Padura que sus letras son el resultado de su pasado: “Un escritor es un almacén de memorias. Se escribe hurgando en la memoria propia y en las memorias ajenas, adquiridas por las más diversas estrategias de apropiación. A partir de ahí, el novelista crea un mundo” (Milenio 19/08/2017). Cuenta que aprendió el oficio primero trabajando, como García Márquez, en la prensa; desde ahí tiende el paralelo entre ambas profesiones siamesas, aunque la diferencia, dice, es que en la literatura hay una complicidad entre el lector y el escritor: ambos saben que están metidos en una gran mentira.


Pero vuelvo a su ciudad, y a la mía (La Paz). En 1992 visité La Habana y tomé una foto desde la ventana de mi habitación en el hotel: es la vista del mar a lo lejos, se interpone una construcción pintada de blanco y celeste, al fondo agua y cielo sólo se diferencian por el tono. La titulé “azul”. Casi diría que mi foto soñó una frase de Padura con la que me encontré dos décadas más tarde: “Una ciudad son también sus sonidos, olores y colores: mi Habana suena a música y autos viejos, huele a gas y a mar, y su color es el azul” (Milenio 19/08/2017)

Publicado en el Deber 19 Noviembre del 2017

domingo, 5 de noviembre de 2017

Miedo. A propósito de It



Hugo José Suárez

Unas semanas atrás fui a ver It (Muschietti, 2017). No fue mi voluntad: resulta que mi hija de 13 años quería hacerlo y perdió ocasión para ir con sus amigas. Ante la insistencia, no me quedó otra que acceder a la solicitud y acudir al cine. Pero le advertí: “no me gustan las películas de miedo porque me dan miedo; en los peores momentos, mi vista estará clavada en la pantalla de mi celular consultando mi Face”. Ella sólo respondió: “no se te ocurra taparme los ojos cuando haya una escena especial”. Las condiciones del contrato estaban claras.

Durante una buena parte de la película hice lo prometido, cerraba los ojos o los desviaba hacia mi teléfono, mientras que ella no se perdió un minuto. Al final le pregunté si se había asustado, me dijo que no. No entendía. Indagué qué película le había causado miedo en los últimos años y me dijo, “¿así como cosita?”, “sí, miedo pues” -insistí yo- “El orfanato”, respondió. ¡No lo podía creer, ahí no hay sangre ni monstruos! “No”, argumentó, “pero hay suspenso y angustia”.

Recordé aquella vez que fui a ver Miss Peregrine y los niños peculiares (Burton, 2016) con mis dos niñas. Yo estaba también aterrado arañando mi butaca con tantas escenas brutales: los ojos salidos de algún personaje, dientes vampirescos, cosas espantosas. Pero mis hijas ni se inmutaron, esa noche durmieron como cualquier otra.

Me puse a pensar en lo que provoca miedo, en cómo se lo construye socialmente. En mi generación (nací en 1970), tal vez el filme más tenebroso fue El Exorcista (Friedkin, 1973), hasta el día de hoy no me he animado a verlo -y menos en la noche-. Lo que sucede es que nuestra idea de la realidad era diferente. Acudir a una proyección cinematográfica era un acontecimiento ritualizado, se lo planeaba con antelación, y al pasar por la puerta de entrada a la sala estábamos en otra dimensión.

La película creaba una atmósfera única; estar ahí, era vivir la historia. Era fácil olvidar que todo aquello era ficción, que los actores estaban haciendo su trabajo y que el director iba a decir “¡corte!” en cualquier momento. Esa era la realidad, y por lo que sentíamos todas las emociones intensamente (miedo, pasión, amor, heroísmo, dolor). Por lo mismo, importábamos lo visto a nuestra vida cotidiana y no podíamos dormir bien si el filme había sido de terror; en sentido contrario, después de haber visto Grease con John Travolta (1978), no pocos adolescentes copiaron el estilo de galán norteamericano al caminar por San Miguel.

Para la actual joven generación, la ficción no está tan alejada. El mundo de los videojuegos, el internet, Youtube y tantas cosas más, provocan que los niños puedan transitar por la fantasía y volver a la realidad sin mediación. Eso cambia la idea de la vida, de la muerte, de lo posible y lo imposible, en suma, de lo real. Varias películas -como Matrix, por ejemplo, pero hay más- han puesto el tema sobre la mesa. Es cada vez más fino el velo de la realidad y la ficción.

Claro que esto tiene su lado oscuro. Recuerdo que en una de las tantas guerras de Estados Unidos en Medio Oriente, un piloto norteamericano que bombardeaba escuelas y hospitales en Irak decía que creía estar jugando videojuegos. La facilidad del ingreso a la virtualidad como el Face, hace que uno pueda escribir cualquier comentario, agresivo, irresponsable y destructor sin sentir la menor culpa o responsabilidad. Como si aquello fuera una situación paralela sin vínculo con la vida ordinaria.


La tecnología está empeñada en construir una “realidad virtual”, aunque los sentimientos ahí no funcionen igual. Por lo pronto, a mí me da tanto miedo ver una película macabra como abrir el periódico. Cosas de mi generación.

domingo, 29 de octubre de 2017

¿Por qué nos gusta tanto Juego de tronos? La relación entre los sueños de las obras de ciencia ficción y las ilusiones de las sociedades sobre el futuro.


Hugo José Suárez

Hace unas semanas he empezado a ver la serie televisiva  Juego de tronos. Aunque tiene ya casi una década de circulación, y que medio mundo me ha hablado de ella, recién pude sentarme a verla. Acabé cuatro temporadas -todavía me faltan- y me pregunto por qué tiene éxito, tanto que incluso unos meses atrás se organizó un coloquio en la UNAM con académicos de varias facultades para reflexionar sobre el tema. No tengo una respuesta, pero sí alguna intuición a bocajarro.

En los 70 y 80 la saga que concentró la atención de propios y extraños fue La guerra de las galaxias, de George Lucas. El corazón de la trama era poco innovador: el bien versus el mal, la lucha por el poder, vaivenes de reyes, reinas y princesas, guerreros y monjes, épicas batallas; más algunos aditamentos como la diversidad cultural, "la fuerza” y los diseños. Pero en el fondo todo reposaba sobre una idea de futuro donde el manejo de la tecnología permitía cambios fundamentales tanto en la vida diaria (la espada láser, abrir puertas, comunicarse) como en la conquista del espacio, el viaje a la velocidad de la luz, el tránsito a través de los planetas.

Aspiración y realidad

 La guerra de las galaxias  iba en sintonía con lo que en esa época se pensaba -y aspiraba- que fuera el futuro. El principio era básico: la tecnología modificaría las posibilidades de movilidad (habría naves espaciales para todo el público, la materia podría teletransportarse, etc.) y se descubriría  otro tipo de mundos. En los 60, el programa de dibujos animados  Los Supersónicos  imaginaba que en 1995 la sociedad iba a tener la tecnología por todo lado: el personaje se despertaba y era transportado por un andador eléctrico hacia la ducha, luego se secaba, peinaba y quedaba listo para salir a la calle -a su "autonave”- para dirigirse a su trabajo. Sus vacaciones las pasaban en "Las Venus”.

Pero el avance científico no fue en esa dirección. El universo soñado por Los  Supersónicos o por Lucas no se hizo realidad; más bien quien retrata el futuro próximo, sus tensiones y angustias es la serie  Black Mirror  (que comentaré en otra ocasión). En lugar de grandes naves que viajen tan rápido como la luz esquivando los asteroides, apareció el mundo al alcance de la mano: todo en un celular inteligente. La modificación del tiempo y del espacio, la sensación de desplazamiento, el descubrimiento de nuevos mundos ocurrió no en el firmamento sino en lo que Manuel Castells llamó "La galaxia Internet”. De hecho, se dice que el transporte sostenible del futuro reposa en los dos grandes inventos del siglo XIX: el tren y la bicicleta. Hoy,  las ciudades más lúcidas se empeñan en que el desplazamiento ocurra no en más y mejores autos -que, por cierto, su funcionamiento básico ha cambiado muy poco en los últimos 30 años- sino en bicicleta (recordemos que París quiere mostrar al mundo en las Olimpiadas de  2024 una ciudad que se mueva sólo por este medio).

Más pasado

El caso es que, cuando la ciencia se concentró en lo "nano” y apareció internet como un uso masivo en el transcurso de los 90, paralelamente vienen grandes narrativas cinematográficas que vuelcan su atención al medievo, o incluso antes. Se abandona la ilusión espacial y se mira al pasado, particularmente europeo.  El Señor de los Anillos, cuyo primer filme se estrena en  2001, retoma los mismos temas que La guerra de las galaxias  (el poder, la guerra, el heroísmo, la vida y la muerte, el bien y el mal, las jerarquías de mando, la traición), pero los guerreros van en caballos y luchan con espadas y escudos de metal.

Lo extraordinario de esa narración reposa en la magia, en el conocimiento de otras lógicas ocultas, no en el arma láser. Lo mismo sucede con Juego de tronos, toda la historia transcurre en ambientes propios de caballeros, reinos y castillos.

Cuando la ciencia desarrolla lo micro, la narrativa global -que se expande sobre el soporte de internet- escoge el escenario del medievo. Entre otras cosas, ya se ha dicho que estamos en un momento donde pareceríamos tener la necesidad de que nos cuenten larguísimas historias en múltiples episodios,  cuando todos sabemos enviar mensajes en 140 caracteres, disfrutamos también de sentarnos días enteros frente a la televisión para terminar de ver una serie.

Sé que esto no explica del todo el éxito de una propuesta como el  Juego de tronos , pero creo que son elementos que no hay que dejar de considerar.


En todo caso, estoy disfrutando cada capítulo y pendiente de la llegada de la próxima temporada.

domingo, 22 de octubre de 2017

Por 15 minutitos



Hugo José Suárez

Como soy curioso y sigo fielmente el consejo de Peter Berger que indicaba que los sociólogos tenemos que mirar por el ojo de la cerradura y leer conversaciones ajenas, a menudo me entretengo navegando por páginas y perfiles de Facebook de propios y extraños. Unas semanas atrás me encontré con un intercambio sugerente.

Un conductor paceño puso una foto de su coche siendo sancionado por la autoridad municipal. Indignado, decía:

“Me acaban de entrampar en el estacionamiento de la Plaza Abaroa por atrasarme 15 minutos de lo debido. Es así como funciona los parqueos de calles de la HAM La Paz? Por 15 minutos de atraso tengo que pagar 100 bs. en el acto de una entidad bancaria. Qué bancos funcionan a estas horas? Si no, pago remolque 300 bs. Qué opinan ustedes?” (sic).

La reacción de otro usuario, afín al MAS, abonaba: “capitalismo municipal al máximo. Si es así la alcaldía no quiero imaginar de gobierno” (sic).

El incidente me dio mucho qué pensar al menos en tres dimensiones. Primero, es sabido que los bolivianos tenemos una peculiar relación con las certezas (temporales, espaciales, laborales, políticas, etc.). Nos movemos con soltura y comodidad en el reino de la ambigüedad. Si alguien te dice “mañana te lo devuelvo”, puede significar la próxima vez que nos veamos, en un mes, unos años, o nunca. “Un ratito” es la definición de tiempo más elástica que deja mucho a la interpretación: el resultado preciso dependerá de las circunstancias cuando se concrete ese “ratito”.

En Tupiza, me cuenta mi madre que vivió allá, los campesinos diagnosticaban el clima así: “de llover no va a llover, a no ser que lloviera”. Y claro, esta apreciación se aplica a todo: la política, los negocios, las mediciones, las relaciones personales, el amor, etc. (Basta que escuchar la Metafísica Popular de Manuel Monroy). Viene a mi memoria una visita de unos amigos extranjeros que me preguntaban las dimensiones del lago Titicaca; mi respuesta era “muy grande”, o “no tan grande” (para referirme al lago Poopó). Ellos querían kilómetros cuadrados y yo les daba nociones espaciales imprecisas.

Es expandida la posibilidad de negociación con el tiempo. Unos años atrás, cuando existía el Lloyd Aéreo Boliviano, todos sabíamos que jamás se cumplían los horarios, y luego cuando llegó una nueva compañía aérea, hacía publicidad repitiendo al final de cada vuelo algo así: “otro viaje más que llegamos a tiempo”, como si esa no fuera su obligación y parte del contrato al adquirir un boleto. Imagino lo absurdo que sonaría que cada tren suizo repita a sus pasajeros que salió y llegó a tiempo de una estación a otra.

En México, donde las cosas suceden de manera parecida, se usa a menudo la expresión “tantito”, que puede significar muchas cosas de acuerdo a los contextos. Pero los mexicanos crearon el antídoto: ante tal nebulosa se pregunta “qué tanto es tantito”. También se ha creado  otra innovación lingüística inteligente que es “siempre sí” o “siempre no”, pues cuando el “sí” o el “no” no dan mucha claridad, se los reafirma evitando la duda y consolidando la respuesta en uno u otro sentido.

Pero vamos a una segunda dimensión: la racionalidad jurídica moderna. En la segunda parte del comunicado, el aludido se queja de una injusticia, pues el monto es excesivo y los bancos están cerrados. Aquí nos cambiamos de país y vamos al mundo de las leyes. Lo que se está reclamando es un desfase entre infracción y sanción. Como sabemos, las sanciones varían con el tiempo y dependen de las circunstancias históricas. Para calibrar mejor y evitar abusos o cobros desmedidos, las naciones desarrollan instrumentos legales (procuradurías del consumidor, amparos, abogados, juicios) que permiten que los ciudadanos puedan quejarse y estar protegidos. Cuanto más clara la jurisprudencia, mayor protección tendrían los ciudadanos y jugarían en un tablero con reglas claras, y, ojalá, justas. En México, para aludir a un sistema jurídico igualitario, se dice popularmente: “o todos pelones, o todos rabones”.

El último añadido de la queja -tercera dimensión- se refiere a lo político y lo económico. Se concluye que el accionar de los funcionarios municipales es un tipo de capitalismo local cuyo responsable es el alcalde paceño. Es la reacción visceral y militante que filtra la realidad por el lente ideológico y le hace ver todo en blanco y negro, donde blanco es él y negro los demás. Cualquier discurso ideológico tiene ese sesgo (neoliberalismo, comunismo y un largo etcétera), pero en Bolivia lo llevamos “hasta las últimas consecuencias”. Somos el país de las emociones, y podemos tener apasionadas discusiones que evitan sistemáticamente la razón y cualquier argumento para someterlo a la posición política.


En suma, me quedo con tres características del ser boliviano en la actualidad: la comodidad en el espacio de lo ambiguo, el sueño de la razón moderna que por lo pronto es disfuncional, la pasión política como lentes privilegiados de interpretación del mundo. Ya lo decía, nada mejor que mirar por el ojo de la cerradura.

martes, 10 de octubre de 2017

EL CHE: "LA HISTORIA SIN FIN"A propósito de la reedición del libro "El Pensamiento del Che, de Michael Löwy"



Por Hugo José Suárez

            En el sector de "novedades" del FNAC, una de las grandes librerías de París, se encuentra un estante lleno de nuevos textos que giran sobre un mismo tema:  El Che.

            Son múltiples las razones que conducen a que el Che esté nuevamente en el centro del debate: el descubrimiento de sus restos en Bolivia, la conmemoración de los 30 años de su muerte, el fuerte impacto ético-político de su pensamiento y personalidad, etc.

            Entre aquellos libros, volcamos la atención a la reedición del trabajo de Michael Löwy: "El pensamiento del Che Guevara, un humanista revolucionario", texto escrito en 1969 y que se convirtió en un clásico para quienes deseaban conocer al Che.  El libro se tradujo al español (con quince ediciones), portugués, alemán, inglés, griego, turco y thai. 


            El autor es uno de los pensadores marxistas que más aportó a una visión no ortodoxa y muy renovada de esta línea de pensamiento.  En su recorrido intelectual abrió varias compuertas sobre los estudios culturales.  Trabajó con Lucien Goldmann, y a través de las herramientas de la sociología de la cultura explicó la evolución de algunos intelectuales marxistas, tal es el caso de Lukács ("Por una sociología de los intelectuales revolucionarios.  La evolución política de Lukacs 1909-1929", 1976).  En búsqueda de las "afinidades electivas" entre determinadas conformaciones sociales, y en particular entre el romanticismo alemán y el mesianismo judío, analizó la generación de intelectuales judíos de fines de siglo pasado en Europa Central (Ernest Bloch, Goerg Lukács, Erich From, Walter Benjamin, Franz Kafka, etc.), en el libro "Redención y utopía" (1988).  Finalmente, volcó la pluma hacia la experiencia latinoamericana, intentando comprender el surgimiento del "cristianismo de la liberación" como un resultado de la "afinidad electiva" entre el marxismo y cierto tipo de catolicismo de la época ("The War of Gods.  Religion and Politics in Latin America", 1996).

            En la reedición del texto sobre el Che, Löwy se pregunta si es posible comprender hoy "las razones de Ernesto Che Guevara?" y responde que "hay alguna cosa en la vida y mensaje del médico-guerrillero argentino-cubano que habla todavía a las generaciones de 1997".

            La vida del Che sigue siendo de una riqueza a descubrir en cada una de sus facetas.  Con esta motivación nos acercamos a Michael Löwy para conversar sobre el tema; fruto del encuentro son las palabras que siguen.


H.J.S.  En los últimos meses han aparecido una serie de publicaciones sobre el Che. ¿Cuál es su opinión al respecto?

M.L.    Obviamente el hecho que sea el 30 aniversario de la muerte del Che, provoca un renovamiento del interés por su figura y pensamiento.  Ahora, sería un error explicar eso mecánicamente simplemente por el 30 aniversario.  Por ejemplo en el año 1983 se cumplieron 30 años de la muerte de Stalin, que fue un hombre mucho más poderoso que el Che, e idolatrado por millones de seres humanos, y absolutamente nadie se interesó por conmemorarlo, así que ese hecho no explica nada. 

            Yo creo que si hoy tenemos tantos libros, artículos de revistas, películas, discusiones, conferencias, encuentros, etc, sobre el Che, es porque sí hay algo en su pensamiento, vida, mensaje y sacrificio, que interesa y llama la atención a las personas, dice algo a la imaginación de la gente y de la juventud en particular.  Esos eventos y discusiones son un síntoma de la actualidad del mensaje del Che.

            Ahora, dentro de ese montón de libros y cosas que salen, hay de todo, lo mejor, lo peor y lo mediocre.  No se puede hacer ahora un balance detallado de esa producción, pero hay investigaciones interesantes, se han descubierto documentos, hay juicios políticos muy discutibles como el de Regis Debray (además que más psicológico que político), etc, pero toda esa efervescencia es la expresión de un interés grande que hay en la gente.

HJS.   En la introducción de la reedición de su libro, usted afirma "...insisto en creer que muchas ideas de Guevara nos interpelan todavía".  ¿Cuál la importancia del Che hoy?

ML.     Pienso que como vivimos en una época donde el capitalismo aparece no sólo como "el mejor de los mundos posibles", sino como el único mundo posible, es extremamente importante un pensamiento como el del Che que rechaza de la manera más tajante, radical y categórica desde el punto de vista social, político y ético al sistema capitalista. 

            La propuesta del Che es un pensamiento anticapitalista radical en el sentido que va a la raíz del problema, que es la alienación humana inherente en la lógica del capitalismo.  Según el Che, el enfrentamiento entre los seres humanos, y la lógica de "el hombre es el lobo del hombre" es la regla fundamental del capitalismo.

            Yo creo que la primera actualidad es el hecho de ser un pensamiento que no acepta y que niega el capitalismo como sistema económico, social, político, cultural, ético, etc.  Obviamente no es una propuesta únicamente de la negación, sino también de la alternativa, y ahí veo un segundo aspecto de la actualidad del Che.  El trató de pensar un nuevo socialismo distinto del modelo soviético y del llamado socialismo real.  Tal vez no logró hacerlo hasta el final, se puede decir que su reflexión sobre el socialismo ha sido interrumpida por su muerte, su pensamiento que estaba en evolución, y sobre una serie de cuestiones tal vez su ruptura con el modelo soviético no fue suficiente, pero hay una serie de planteamientos suyos que buscan una vía alternativa a ese sistema.  Y hoy que históricamente se ha sancionado el fracaso de ese tipo de socialismo real, una reflexión como la del Che, que trataba de implantar una vía alternativa, vuelve a ganar actualidad.

            El tercer elemento que me parece importante subrayar es su humanismo revolucionario, es decir un pensamiento que plantea las cuestiones políticas y económicas a nivel de la humanidad, o sea a nivel universal.  El Che siempre citaba una frase de José Martí: "Todo verdadero hombre debe sentir en su mejilla el golpe dado a cualquier otro hombre", ese es un pensamiento humanista, universalista e internacionalista (porque el internacionalismo es la expresión política concreta de ese humanismo).

            Me parece también que hoy el Che es actual, porque más que nunca en el pasado, vivimos ahora en un mundo unificado, en un planeta que ha sido totalmente homogeneizado y globalizado bajo la dominación totalitaria del capital financiero y de los mercados, y esa realidad necesita respuestas que sean universales, no se puede enfrentar a ese sistema monstruoso a nivel puramente local o nacional.  Ahí también veo una actualidad del Che, que es alguien que pensaba en escala mundial y de toda la humanidad.


HJS.   El Hombre Nuevo ha sido una de las ideas que más ha repercutido del Che.  ¿A su entender en qué consiste lo esencial de este planteamiento?

ML.     El tema del Hombre Nuevo -aunque él decía hombre, pero yo diría el ser humano porque es hombre y la mujer- está relacionado con esos tres elementos.  El ser humano de la sociedad actual se ha transformado en enemigo de su hermano.  No es que los individuos sean "malos" antropológicamente, sino que el sistema capitalista exige aplastar a los demás para que uno avance, es la lógica misma del sistema.  Entonces el Hombre Nuevo es plantear una idea de ser humano más allá de la que conocemos en el sistema capitalista o los sistemas de dominación y enfrentamiento de los unos con los otros.  Es la idea de un ser humano y de una sociedad nueva, socialista, sin clases, igualitaria y democrática, en que estén dadas las condiciones efectivas de la solidaridad.  La solidaridad entonces exige condiciones humanas de vida para que pueda desarrollarse (aunque eso no quiere decir que no podamos crear actos, iniciativas y movimientos sociales en los cuales predomina la solidaridad en resistencia en contra del capitalismo).

            En los movimientos sociales y en los grupos que luchan por otra sociedad, se van desarrollando relaciones fraternales solidarias, y ahí se está preparando el HN.  Es lo que decía el Che, allí se está lanzando la semilla de lo que va a ser el HN.  Eso también permite juzgar a los movimientos políticos o sociales que se consideren socialistas, revolucionarios o comunistas: si promueven la fraternidad, la solidaridad entre sus miembros y se relacionan con la gente humilde, entonces sí están fieles a su propio ideal; cuando contrariamente promueven la opresión, la dominación, la discriminación, la intolerancia, entonces no son semillas del HN, sino que están reproduciendo las relaciones existentes.

            Y relacionando esto con el tercer tema, el HN es el ser humano universalista, no le preocupa sólo lo que pase a su familia, ciudad y nacionalidad, sino que tiene una sensibilidad humana universal, humanista en el sentido pleno de la palabra.

HJS.   Cambiando de tema a la realidad contemporánea, con respecto al movimiento zapatista en México, en su libro usted afirma que "el reciente levantamiento zapatista de Chiapas representa una variante nueva, inesperada, de la guerrilla rural: sin aspirar a la "toma del poder", pretenden ser una fuerza al servicio de la sociedad civil mexicana en la lucha por la democracia".  Cuál cree que ha sido la influencia del Che en el Ejército Zapatista para la Liberación Nacional (EZLN), hay una relación entre el Che y los zapatistas?

ML.     Sí y no.  Marcos y los fundadores del zapatismo venían del guevarismo, y de él tienen muchos elementos: la confianza en la lucha armada, la necesidad de formar un ejército popular, la idea de una visión internacional e antiimperialista, etc..  Ahora bien, no se trata de copiar ni de imitar, cada revolución siempre es nueva e irrepetible, así que creo que los zapatistas han demostrado una increíble creatividad político-cultural.  Así, el zapatismo es una mezcla nueva y original compuesta por el guevarismo, la cultura maya de los indígenas, elementos de la Teología de la Liberación, y sobre todo la herencia campesina del primer zapatismo de Emiliano Zapata.  Con todos estos elementos se produjo un cóctel explosivo donde uno de los ingredientes es el guevarismo.



            Después de 30 años parece importante cuestionarse sobre las personas que motivaron a toda una generación, particularmente cuando en su pensamiento encontramos opiniones que hoy podrían ser muy válidas, como es el caso de la posición crítica del Che frente al bloque soviético, la burocracia estatal, el Hombre Nuevo.  Parece que las ideas del Che todavía tienen algo que decirnos.  Así concluye Löwy la presentación de su libro:

"El mundo de hoy, luego de la caída del muro de Berlín, el fin de los regímenes autoritarios de Europa del Este, el triunfo de la globalización capitalista y la hegemonía de las ideologías neoliberales, pareciera encontrarse a años luz de aquel en que vivió y luchó Ernesto Guevara.  Sin embargo, para aquellos que no creen en la pseudo-hegeliana "fin de la historia", ni en la eternidad de la economía de mercado capitalista-liberal, para aquellos que rechazan las injusticias sociales y la marginalización de los pueblos del Sur por el "nuevo orden mundial", el mensaje humanitario y revolucionario del Che queda como una ventana abierta hacia el futuro".




            Hugo José Suárez es sociólogo, estudia posgrado en la Universidad Católica de Lovaina.

EL CHE ENTRE EL MERCADO Y LA REVOLUCIÓN Conversación con Carlos Tablada



Hugo José Suárez

        Los entretelones de la historia cuentan que una vez instalada la Revolución Cubana, y ante la necesidad de una dirección administrativa eficiente, Fidel preguntó a los líderes revolucionarios quién era buen economista, y el Ché, habiendo escuchado "comunista" levantó la mano y se tuvo que hacer cargo de la conducción económica del país.
        Cuando hablamos del Ché, normalmente identificamos al guerrillero, estratega o filósofo, pero poco nos preguntamos por el brillante administrador de una economía naciente, que desde los inicios supo vislumbrar la problemática cubana y de los pueblos del Tercer Mundo.  Queriendo conocer más esta faceta del Ché, es que preguntamos a Carlos Tablada (autor de "El pensamiento económico del Ché" además de varios otros textos sobre el tema), sobre la incursión en economía de uno de los revolucionarios más importantes de nuestra época.
-       La Revolución Cubana en la década de los 60, y fundamentalmente los primeros seis años puso la economía en función de las personas.  Hasta ese momento, en todos los países (incluyendo los del bloque soviético) las personas estaban siempre en función de la economía.  Cuba logró poner la economía en función de las personas.  El mérito teórico del Ché es que él piensa y procesa esa realidad que ocurría cotidianamente el pueblo cubano;  analiza los diferentes modelos económicos que se habían desarrollado en el siglo XX, y tiene una visión muy completa de los diferentes procesos económicos, políticos y sociales que estaban ocurriendo en la década de los 60, y llega a la conclusión que en las condiciones de Cuba, se debía implantar un modelo distinto a todo lo que existía, no tenía sentido aplicar el modelo soviético, ni el modelo chino ni americano ni de cualquier otra parte.  Así, desarrolla un modelo que llamó el Sistema Presupuestario de Financiamiento que trata de desarrollar lo que el modelo soviético no logró, como una alta participación real del pueblo, y llega a la conclusión de que la propiedad estatal no es condición indispensable para llegar a declarar que un sistema es socialista (puede tener propiedad estatal y no ser socialista), sino más bien a partir de un desarrollo de la participación real popular, de una democracia interna, etc., y de la ética; se habla por primera vez en la humanidad de la posibilidad de desarrollar economía y ética simultáneamente, él teoriza eso y crea los instrumentos prácticos para que funcionara.  Ese es su gran aporte a la economía.
        A tres décadas de distancia de aquel momento histórico, hoy nos enfrentamos a una contundente instauración de modelos neoliberales en todo el continente, y una economía cubana con serios problemas, volvemos a preguntarnos sobre las raíces de la crisis cubana. Tablada continúa su argumentación: "En primer lugar el modelo del Ché no se implantó a toda la economía cubana, se instaló parcialmente sólo en el sector industrial del país, en el sector agrícola y en otros sectores se aplicó el modelo soviético.  Después de salir el Ché a cumplir misión internacionalista, Fidel -que compartía los mismos puntos ideológicos y teóricos del Ché- quiso continuar el modelo, pero no lo logró.  El y sus asesores descuidaron elementos esenciales que tenía el modelo del Ché sobre el funcionamiento práctico de la economía, y eso trajo como consecuencia que la economía cubana a finales de los 60 se enfrentó con grandes dificultades".
        ¿Es decir que el modelo económico del Ché no se consolidó en el proceso revolucionario?
-       Se fue diluyendo, dos años después que el Ché se había ido, prácticamente no quedaba nada, las metas eran las mismas, pero el modelo económico para el funcionamiento de las empresas y de los diferentes sectores económicos, se habían descuidado.  Por otro lado las condiciones exógenas cambiaron, fueron derrotados los movimientos revolucionarios en A.L., la agresidivad norteamericana se incrementó, los soviéticos nos estuvieron presionando, etc., y para mantener la unidad, las nuevas condiciones geopolíticas, y mantener como mínimo la independencia nacional, la soberanía y la dignidad que habíamos alcanzado en los 60 con el triunfo de la Revolución, tuvimos que asociarnos con la Unión Soviética, el COMECOM y esto implicó errores, se dejó el modelo de desarrollo integral, se copió el modelo soviético (que había sido criticado por Fidel y por el Ché).  A los 12 años de haber implantado el modelo soviético empezaron las dificultades, pero tuvimos la posibilidad de empezar un proceso de rectificación a partir del año 86 que fue lo que nos salvó la vida.  Si no hubiéramos empezado una crítica a todo ese modelo y a los errores que cometimos durante casi 15 años, simplemente con la caída del Muro de Berlín y con la desaparición de la Unión Soviética hubiésemos caído nosotros.
        Cuba ahora viene atravesando una apertura económica y atracción de capitales extranjeros, ¿cómo ve ese proceso?
-       Cuando empezó la Revolución Cubana estaba incluido en el proyecto original mantener comercio y relación con E.U., no fuimos nosotros los que rompimos las relaciones, ¿qué hicimos? empezamos a diversificar ese comercio, porque el 72% de las importaciones y el 73% de las exportaciones eran con E.U y un sólo mercado, y lo que empezamos a hacer fue diversificar ese comercio con otras áreas del mundo; y eso es lo que estamos haciendo ahora.  ¿Y por qué ahora lo podemos hacer y no lo pudimos hacer antes? entre otras cosas, porque en la década de los 60 la Guerra Fría y el poder de norteamérica era muy grande, E.U. podía someter a Europa y Japón para que aceptaran la política con Cuba, eso ya no es así, ahora uno se encuentra en una situación diferente.  Nosotros no nos cerramos, nosotros no tuvimos más opción que relacionarnos con el bloque soviético.
        ¿Con la nueva apertura económica Cuba no está en camino hacia un proceso de implantación paulatina de libre mercado y por lo tanto de posible reducción de beneficios sociales a futuro?
-       En Cuba no existe libre mercado.  El problema del libre mercado es el mismo que existía cuando el Ché vivía, existe un sólo mundo, el capitalista, y existía un bloque soviético que estaba más cerrado y que tenía una dinámica propia, pero cuando triunfó la Revolución, nosotros no contábamos con los soviéticos ni con los chinos, no teníamos ningún contacto, y empezamos a desarrollar la Revolución ya en el poder con el único mundo existente, el capitalista, y en los primeros dos años fuimos haciendo la revolución con ese mundo.  Si se revisa la historia económica de la Revolución Cubana, se verá que tomamos todas las medidas de rebaja de alquileres, seguridad social, educación gratuita, etc., cuando no teníamos ningún contacto con los soviéticos ni con los chinos, y el único contacto que teníamos era con E.U. y los países capitalistas, y empezamos a cumplir ese programa.  Todo eso ocurrió sin el bloque soviético, y haciendo eficiente la economía en el único mercado que había: el capitalista.  Y ahora igual, se acabó la única posibilidad de un mercado alternativo que fue el bloque soviético, y tenemos que vivir en el único mundo que hay, y a pesar de eso, lo estamos logrando, porque aunque el PIB ha caído más de un 35% durante tres años consecutivos, y tuvimos que cerrar cientos de industrias, nosotros no cerramos ninguna escuela o Universidad, mantuvimos la educación y salud gratuita, porque tenemos todavía el concepto de la economía en favor de las personas, y a pesar de la crisis que tenemos, la situación del pueblo sigue siendo por encima de la de los pueblos latinoamericanos.
        Las preguntas quedan todavía en el aire, el tema sigue siendo amplio y complejo, y las respuestas por suerte son una puerta abierta para el debate.  Pero nos da la impresión final de una brisa renovadora en Cuba, la posibilidad de enfrentarse al nuevo mundo sin perder dignidad.  Nos queda la certeza de que cuando Silvio Rodríguez decía en 1992 que "no los defraudaremos", tenía razón.



Hugo José Suárez es sociólogo, estudia posgrado en Sociología en la Universidad Católica de Lovaina-Bélgica.