martes, 10 de octubre de 2017

EL CHE: "LA HISTORIA SIN FIN"A propósito de la reedición del libro "El Pensamiento del Che, de Michael Löwy"



Por Hugo José Suárez

            En el sector de "novedades" del FNAC, una de las grandes librerías de París, se encuentra un estante lleno de nuevos textos que giran sobre un mismo tema:  El Che.

            Son múltiples las razones que conducen a que el Che esté nuevamente en el centro del debate: el descubrimiento de sus restos en Bolivia, la conmemoración de los 30 años de su muerte, el fuerte impacto ético-político de su pensamiento y personalidad, etc.

            Entre aquellos libros, volcamos la atención a la reedición del trabajo de Michael Löwy: "El pensamiento del Che Guevara, un humanista revolucionario", texto escrito en 1969 y que se convirtió en un clásico para quienes deseaban conocer al Che.  El libro se tradujo al español (con quince ediciones), portugués, alemán, inglés, griego, turco y thai. 


            El autor es uno de los pensadores marxistas que más aportó a una visión no ortodoxa y muy renovada de esta línea de pensamiento.  En su recorrido intelectual abrió varias compuertas sobre los estudios culturales.  Trabajó con Lucien Goldmann, y a través de las herramientas de la sociología de la cultura explicó la evolución de algunos intelectuales marxistas, tal es el caso de Lukács ("Por una sociología de los intelectuales revolucionarios.  La evolución política de Lukacs 1909-1929", 1976).  En búsqueda de las "afinidades electivas" entre determinadas conformaciones sociales, y en particular entre el romanticismo alemán y el mesianismo judío, analizó la generación de intelectuales judíos de fines de siglo pasado en Europa Central (Ernest Bloch, Goerg Lukács, Erich From, Walter Benjamin, Franz Kafka, etc.), en el libro "Redención y utopía" (1988).  Finalmente, volcó la pluma hacia la experiencia latinoamericana, intentando comprender el surgimiento del "cristianismo de la liberación" como un resultado de la "afinidad electiva" entre el marxismo y cierto tipo de catolicismo de la época ("The War of Gods.  Religion and Politics in Latin America", 1996).

            En la reedición del texto sobre el Che, Löwy se pregunta si es posible comprender hoy "las razones de Ernesto Che Guevara?" y responde que "hay alguna cosa en la vida y mensaje del médico-guerrillero argentino-cubano que habla todavía a las generaciones de 1997".

            La vida del Che sigue siendo de una riqueza a descubrir en cada una de sus facetas.  Con esta motivación nos acercamos a Michael Löwy para conversar sobre el tema; fruto del encuentro son las palabras que siguen.


H.J.S.  En los últimos meses han aparecido una serie de publicaciones sobre el Che. ¿Cuál es su opinión al respecto?

M.L.    Obviamente el hecho que sea el 30 aniversario de la muerte del Che, provoca un renovamiento del interés por su figura y pensamiento.  Ahora, sería un error explicar eso mecánicamente simplemente por el 30 aniversario.  Por ejemplo en el año 1983 se cumplieron 30 años de la muerte de Stalin, que fue un hombre mucho más poderoso que el Che, e idolatrado por millones de seres humanos, y absolutamente nadie se interesó por conmemorarlo, así que ese hecho no explica nada. 

            Yo creo que si hoy tenemos tantos libros, artículos de revistas, películas, discusiones, conferencias, encuentros, etc, sobre el Che, es porque sí hay algo en su pensamiento, vida, mensaje y sacrificio, que interesa y llama la atención a las personas, dice algo a la imaginación de la gente y de la juventud en particular.  Esos eventos y discusiones son un síntoma de la actualidad del mensaje del Che.

            Ahora, dentro de ese montón de libros y cosas que salen, hay de todo, lo mejor, lo peor y lo mediocre.  No se puede hacer ahora un balance detallado de esa producción, pero hay investigaciones interesantes, se han descubierto documentos, hay juicios políticos muy discutibles como el de Regis Debray (además que más psicológico que político), etc, pero toda esa efervescencia es la expresión de un interés grande que hay en la gente.

HJS.   En la introducción de la reedición de su libro, usted afirma "...insisto en creer que muchas ideas de Guevara nos interpelan todavía".  ¿Cuál la importancia del Che hoy?

ML.     Pienso que como vivimos en una época donde el capitalismo aparece no sólo como "el mejor de los mundos posibles", sino como el único mundo posible, es extremamente importante un pensamiento como el del Che que rechaza de la manera más tajante, radical y categórica desde el punto de vista social, político y ético al sistema capitalista. 

            La propuesta del Che es un pensamiento anticapitalista radical en el sentido que va a la raíz del problema, que es la alienación humana inherente en la lógica del capitalismo.  Según el Che, el enfrentamiento entre los seres humanos, y la lógica de "el hombre es el lobo del hombre" es la regla fundamental del capitalismo.

            Yo creo que la primera actualidad es el hecho de ser un pensamiento que no acepta y que niega el capitalismo como sistema económico, social, político, cultural, ético, etc.  Obviamente no es una propuesta únicamente de la negación, sino también de la alternativa, y ahí veo un segundo aspecto de la actualidad del Che.  El trató de pensar un nuevo socialismo distinto del modelo soviético y del llamado socialismo real.  Tal vez no logró hacerlo hasta el final, se puede decir que su reflexión sobre el socialismo ha sido interrumpida por su muerte, su pensamiento que estaba en evolución, y sobre una serie de cuestiones tal vez su ruptura con el modelo soviético no fue suficiente, pero hay una serie de planteamientos suyos que buscan una vía alternativa a ese sistema.  Y hoy que históricamente se ha sancionado el fracaso de ese tipo de socialismo real, una reflexión como la del Che, que trataba de implantar una vía alternativa, vuelve a ganar actualidad.

            El tercer elemento que me parece importante subrayar es su humanismo revolucionario, es decir un pensamiento que plantea las cuestiones políticas y económicas a nivel de la humanidad, o sea a nivel universal.  El Che siempre citaba una frase de José Martí: "Todo verdadero hombre debe sentir en su mejilla el golpe dado a cualquier otro hombre", ese es un pensamiento humanista, universalista e internacionalista (porque el internacionalismo es la expresión política concreta de ese humanismo).

            Me parece también que hoy el Che es actual, porque más que nunca en el pasado, vivimos ahora en un mundo unificado, en un planeta que ha sido totalmente homogeneizado y globalizado bajo la dominación totalitaria del capital financiero y de los mercados, y esa realidad necesita respuestas que sean universales, no se puede enfrentar a ese sistema monstruoso a nivel puramente local o nacional.  Ahí también veo una actualidad del Che, que es alguien que pensaba en escala mundial y de toda la humanidad.


HJS.   El Hombre Nuevo ha sido una de las ideas que más ha repercutido del Che.  ¿A su entender en qué consiste lo esencial de este planteamiento?

ML.     El tema del Hombre Nuevo -aunque él decía hombre, pero yo diría el ser humano porque es hombre y la mujer- está relacionado con esos tres elementos.  El ser humano de la sociedad actual se ha transformado en enemigo de su hermano.  No es que los individuos sean "malos" antropológicamente, sino que el sistema capitalista exige aplastar a los demás para que uno avance, es la lógica misma del sistema.  Entonces el Hombre Nuevo es plantear una idea de ser humano más allá de la que conocemos en el sistema capitalista o los sistemas de dominación y enfrentamiento de los unos con los otros.  Es la idea de un ser humano y de una sociedad nueva, socialista, sin clases, igualitaria y democrática, en que estén dadas las condiciones efectivas de la solidaridad.  La solidaridad entonces exige condiciones humanas de vida para que pueda desarrollarse (aunque eso no quiere decir que no podamos crear actos, iniciativas y movimientos sociales en los cuales predomina la solidaridad en resistencia en contra del capitalismo).

            En los movimientos sociales y en los grupos que luchan por otra sociedad, se van desarrollando relaciones fraternales solidarias, y ahí se está preparando el HN.  Es lo que decía el Che, allí se está lanzando la semilla de lo que va a ser el HN.  Eso también permite juzgar a los movimientos políticos o sociales que se consideren socialistas, revolucionarios o comunistas: si promueven la fraternidad, la solidaridad entre sus miembros y se relacionan con la gente humilde, entonces sí están fieles a su propio ideal; cuando contrariamente promueven la opresión, la dominación, la discriminación, la intolerancia, entonces no son semillas del HN, sino que están reproduciendo las relaciones existentes.

            Y relacionando esto con el tercer tema, el HN es el ser humano universalista, no le preocupa sólo lo que pase a su familia, ciudad y nacionalidad, sino que tiene una sensibilidad humana universal, humanista en el sentido pleno de la palabra.

HJS.   Cambiando de tema a la realidad contemporánea, con respecto al movimiento zapatista en México, en su libro usted afirma que "el reciente levantamiento zapatista de Chiapas representa una variante nueva, inesperada, de la guerrilla rural: sin aspirar a la "toma del poder", pretenden ser una fuerza al servicio de la sociedad civil mexicana en la lucha por la democracia".  Cuál cree que ha sido la influencia del Che en el Ejército Zapatista para la Liberación Nacional (EZLN), hay una relación entre el Che y los zapatistas?

ML.     Sí y no.  Marcos y los fundadores del zapatismo venían del guevarismo, y de él tienen muchos elementos: la confianza en la lucha armada, la necesidad de formar un ejército popular, la idea de una visión internacional e antiimperialista, etc..  Ahora bien, no se trata de copiar ni de imitar, cada revolución siempre es nueva e irrepetible, así que creo que los zapatistas han demostrado una increíble creatividad político-cultural.  Así, el zapatismo es una mezcla nueva y original compuesta por el guevarismo, la cultura maya de los indígenas, elementos de la Teología de la Liberación, y sobre todo la herencia campesina del primer zapatismo de Emiliano Zapata.  Con todos estos elementos se produjo un cóctel explosivo donde uno de los ingredientes es el guevarismo.



            Después de 30 años parece importante cuestionarse sobre las personas que motivaron a toda una generación, particularmente cuando en su pensamiento encontramos opiniones que hoy podrían ser muy válidas, como es el caso de la posición crítica del Che frente al bloque soviético, la burocracia estatal, el Hombre Nuevo.  Parece que las ideas del Che todavía tienen algo que decirnos.  Así concluye Löwy la presentación de su libro:

"El mundo de hoy, luego de la caída del muro de Berlín, el fin de los regímenes autoritarios de Europa del Este, el triunfo de la globalización capitalista y la hegemonía de las ideologías neoliberales, pareciera encontrarse a años luz de aquel en que vivió y luchó Ernesto Guevara.  Sin embargo, para aquellos que no creen en la pseudo-hegeliana "fin de la historia", ni en la eternidad de la economía de mercado capitalista-liberal, para aquellos que rechazan las injusticias sociales y la marginalización de los pueblos del Sur por el "nuevo orden mundial", el mensaje humanitario y revolucionario del Che queda como una ventana abierta hacia el futuro".




            Hugo José Suárez es sociólogo, estudia posgrado en la Universidad Católica de Lovaina.

EL CHE ENTRE EL MERCADO Y LA REVOLUCIÓN Conversación con Carlos Tablada



Hugo José Suárez

        Los entretelones de la historia cuentan que una vez instalada la Revolución Cubana, y ante la necesidad de una dirección administrativa eficiente, Fidel preguntó a los líderes revolucionarios quién era buen economista, y el Ché, habiendo escuchado "comunista" levantó la mano y se tuvo que hacer cargo de la conducción económica del país.
        Cuando hablamos del Ché, normalmente identificamos al guerrillero, estratega o filósofo, pero poco nos preguntamos por el brillante administrador de una economía naciente, que desde los inicios supo vislumbrar la problemática cubana y de los pueblos del Tercer Mundo.  Queriendo conocer más esta faceta del Ché, es que preguntamos a Carlos Tablada (autor de "El pensamiento económico del Ché" además de varios otros textos sobre el tema), sobre la incursión en economía de uno de los revolucionarios más importantes de nuestra época.
-       La Revolución Cubana en la década de los 60, y fundamentalmente los primeros seis años puso la economía en función de las personas.  Hasta ese momento, en todos los países (incluyendo los del bloque soviético) las personas estaban siempre en función de la economía.  Cuba logró poner la economía en función de las personas.  El mérito teórico del Ché es que él piensa y procesa esa realidad que ocurría cotidianamente el pueblo cubano;  analiza los diferentes modelos económicos que se habían desarrollado en el siglo XX, y tiene una visión muy completa de los diferentes procesos económicos, políticos y sociales que estaban ocurriendo en la década de los 60, y llega a la conclusión que en las condiciones de Cuba, se debía implantar un modelo distinto a todo lo que existía, no tenía sentido aplicar el modelo soviético, ni el modelo chino ni americano ni de cualquier otra parte.  Así, desarrolla un modelo que llamó el Sistema Presupuestario de Financiamiento que trata de desarrollar lo que el modelo soviético no logró, como una alta participación real del pueblo, y llega a la conclusión de que la propiedad estatal no es condición indispensable para llegar a declarar que un sistema es socialista (puede tener propiedad estatal y no ser socialista), sino más bien a partir de un desarrollo de la participación real popular, de una democracia interna, etc., y de la ética; se habla por primera vez en la humanidad de la posibilidad de desarrollar economía y ética simultáneamente, él teoriza eso y crea los instrumentos prácticos para que funcionara.  Ese es su gran aporte a la economía.
        A tres décadas de distancia de aquel momento histórico, hoy nos enfrentamos a una contundente instauración de modelos neoliberales en todo el continente, y una economía cubana con serios problemas, volvemos a preguntarnos sobre las raíces de la crisis cubana. Tablada continúa su argumentación: "En primer lugar el modelo del Ché no se implantó a toda la economía cubana, se instaló parcialmente sólo en el sector industrial del país, en el sector agrícola y en otros sectores se aplicó el modelo soviético.  Después de salir el Ché a cumplir misión internacionalista, Fidel -que compartía los mismos puntos ideológicos y teóricos del Ché- quiso continuar el modelo, pero no lo logró.  El y sus asesores descuidaron elementos esenciales que tenía el modelo del Ché sobre el funcionamiento práctico de la economía, y eso trajo como consecuencia que la economía cubana a finales de los 60 se enfrentó con grandes dificultades".
        ¿Es decir que el modelo económico del Ché no se consolidó en el proceso revolucionario?
-       Se fue diluyendo, dos años después que el Ché se había ido, prácticamente no quedaba nada, las metas eran las mismas, pero el modelo económico para el funcionamiento de las empresas y de los diferentes sectores económicos, se habían descuidado.  Por otro lado las condiciones exógenas cambiaron, fueron derrotados los movimientos revolucionarios en A.L., la agresidivad norteamericana se incrementó, los soviéticos nos estuvieron presionando, etc., y para mantener la unidad, las nuevas condiciones geopolíticas, y mantener como mínimo la independencia nacional, la soberanía y la dignidad que habíamos alcanzado en los 60 con el triunfo de la Revolución, tuvimos que asociarnos con la Unión Soviética, el COMECOM y esto implicó errores, se dejó el modelo de desarrollo integral, se copió el modelo soviético (que había sido criticado por Fidel y por el Ché).  A los 12 años de haber implantado el modelo soviético empezaron las dificultades, pero tuvimos la posibilidad de empezar un proceso de rectificación a partir del año 86 que fue lo que nos salvó la vida.  Si no hubiéramos empezado una crítica a todo ese modelo y a los errores que cometimos durante casi 15 años, simplemente con la caída del Muro de Berlín y con la desaparición de la Unión Soviética hubiésemos caído nosotros.
        Cuba ahora viene atravesando una apertura económica y atracción de capitales extranjeros, ¿cómo ve ese proceso?
-       Cuando empezó la Revolución Cubana estaba incluido en el proyecto original mantener comercio y relación con E.U., no fuimos nosotros los que rompimos las relaciones, ¿qué hicimos? empezamos a diversificar ese comercio, porque el 72% de las importaciones y el 73% de las exportaciones eran con E.U y un sólo mercado, y lo que empezamos a hacer fue diversificar ese comercio con otras áreas del mundo; y eso es lo que estamos haciendo ahora.  ¿Y por qué ahora lo podemos hacer y no lo pudimos hacer antes? entre otras cosas, porque en la década de los 60 la Guerra Fría y el poder de norteamérica era muy grande, E.U. podía someter a Europa y Japón para que aceptaran la política con Cuba, eso ya no es así, ahora uno se encuentra en una situación diferente.  Nosotros no nos cerramos, nosotros no tuvimos más opción que relacionarnos con el bloque soviético.
        ¿Con la nueva apertura económica Cuba no está en camino hacia un proceso de implantación paulatina de libre mercado y por lo tanto de posible reducción de beneficios sociales a futuro?
-       En Cuba no existe libre mercado.  El problema del libre mercado es el mismo que existía cuando el Ché vivía, existe un sólo mundo, el capitalista, y existía un bloque soviético que estaba más cerrado y que tenía una dinámica propia, pero cuando triunfó la Revolución, nosotros no contábamos con los soviéticos ni con los chinos, no teníamos ningún contacto, y empezamos a desarrollar la Revolución ya en el poder con el único mundo existente, el capitalista, y en los primeros dos años fuimos haciendo la revolución con ese mundo.  Si se revisa la historia económica de la Revolución Cubana, se verá que tomamos todas las medidas de rebaja de alquileres, seguridad social, educación gratuita, etc., cuando no teníamos ningún contacto con los soviéticos ni con los chinos, y el único contacto que teníamos era con E.U. y los países capitalistas, y empezamos a cumplir ese programa.  Todo eso ocurrió sin el bloque soviético, y haciendo eficiente la economía en el único mercado que había: el capitalista.  Y ahora igual, se acabó la única posibilidad de un mercado alternativo que fue el bloque soviético, y tenemos que vivir en el único mundo que hay, y a pesar de eso, lo estamos logrando, porque aunque el PIB ha caído más de un 35% durante tres años consecutivos, y tuvimos que cerrar cientos de industrias, nosotros no cerramos ninguna escuela o Universidad, mantuvimos la educación y salud gratuita, porque tenemos todavía el concepto de la economía en favor de las personas, y a pesar de la crisis que tenemos, la situación del pueblo sigue siendo por encima de la de los pueblos latinoamericanos.
        Las preguntas quedan todavía en el aire, el tema sigue siendo amplio y complejo, y las respuestas por suerte son una puerta abierta para el debate.  Pero nos da la impresión final de una brisa renovadora en Cuba, la posibilidad de enfrentarse al nuevo mundo sin perder dignidad.  Nos queda la certeza de que cuando Silvio Rodríguez decía en 1992 que "no los defraudaremos", tenía razón.



Hugo José Suárez es sociólogo, estudia posgrado en Sociología en la Universidad Católica de Lovaina-Bélgica.

lunes, 9 de octubre de 2017

Las réplicas del terremoto



Hugo José Suárez

1.      Son casi las doce de la noche del jueves 7 de septiembre. Intento dormir, mañana hay clases y mis niñas deben estar en pie temprano. Mi esposa me dice entre sueños: está temblando. No hago mucho caso, vivo en la Ciudad de México donde eso es cosa de todos los días. Sólo me quedo atento esperando a que pase. Pero no se va, crece. Me levanto, voy al dormitorio de mis hijas que están profundamente dormidas. Las despierto intentando no alarmarlas, y empezamos la evacuación.

Mientras nos desplazamos por el pasillo, los floreros colgantes de mi sala, uno rojo y otro azul, se tambalean chocando entre sí; el móvil colgado cerca de la puerta de entrada que eventualmente suena con el viento, ahora rechina pegando unas con otras cada una de sus partes. El mueble de madera resuena tronando los estantes y amenazando con tumbar las fotos. En cosa de segundos, mientras paso por mi living hacia afuera, mi espacio tan íntimo es amenazado.

Llegamos al estacionamiento que ya está lleno de vecinos. Una vez en la planta baja, veo que mis hijas no sacaron sus zapatones, dejé mi celular en mi mesa de noche y mi identificación oficial, no tomé la llave de la casa -dejamos la puerta abierta-. En suma, no seguí correctamente los protocolos de seguridad.

El lunes siguiente el órgano informativo de la UNAM trae en su portada una constatación científica que asusta: “En alerta permanente. México, altamente sísmico. Imposible predecir sismos. La recomendación es estar atentos”

2.      Martes 19 de septiembre, es un día especial. Toda la ciudad se prepara para el simulacro programado para las 11 de la mañana. Precisamente mi clase es de once a una, así que nos vemos con los estudiantes unos minutos antes en la explanada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Todo sucede cual lo previsto, las brigadas, los responsables de seguridad, los anuncios, la sirena.

En cuanto acaba la sesión me dirijo a mi cubículo. Me siento, enciendo mi computadora, saco mis notas y súbitamente empieza a moverse todo. No es ascendente, es como un rayo, un látigo que no da concesión alguna. Tomo mi celular y billetera y salgo por el pasillo con muchas personas que hacen lo propio. La estructura se mueve y el bello ventanal desde donde se disfruta la puesta del sol cruje y se estremece mientras seguimos hacia el jardín.

Ya en el pasto recibo la llamada de mi esposa que, aterrorizada, me dice que está bien, que irá a la escuela de mis hijas. Desde ese momento empiezo a llamar frenéticamente a mi hija y al teléfono oficial del lugar donde estudia. Nadie responde. Insisto sin éxito lo que sólo hace crecer mi angustia. Hasta aquí, sin saber más noticias, me refugio en la certeza -luego dramáticamente refutada- de que Coyoacán, donde se ubica mi departamento y el colegio, es un lugar seguro. La ilusión me durará sólo unas horas más, cuando descubro que el terremoto tumbó edificios cercanos.

En cuanto llego a mi departamento mi hija mayor me conduce dirigiendo mi atención a los puntos neurálgicos que muestran el paso de temblor. Los cuadros desacomodados, los cajones abiertos, los adornos por el piso, los libros volteados. La jirafita de papel maché que vigila mi sueño en el estante encima de mi cama yace en el piso. Luego me entero que lo nuestro son daños insignificantes comparados con las pérdidas de los demás.

3.      Salgo con mi familia en la tarde a ver parte de nuestro entorno y navego cada que llega la frágil señal de internet. Me percato de lo horrible del evento, de la furia de la tierra. Cientos de muertos, decenas de inmuebles dañados y edificios colapsados. Las historias son escalofriantes: una amiga estuvo en un quinto piso en la colonia Condesa, una de las más afectadas, abrazada a un pilar preguntándose cuánto resistiría su construcción. Es el espanto. Todos tenemos miedo, no quiero separarme de los míos, como si yo pudiera hacer algo en caso de que vengan las réplicas. Entro a mi cuarto y me siento inseguro, ya no duermo bien, permanentemente me da la impresión que está temblando, cualquier mareo lo confundo con un temblor, ni bien suena una sirena la confundo con la alerta sísmica instalada en toda la ciudad.

Los días van pasando y la cotidianidad tímidamente se asoma por la ventana. La enorme solidaridad que primó en las calles va siendo remplazada por la agresividad de la ciudad de siempre. Explotan las miserias, sale a la luz que varios de los inmuebles caídos eran nuevos, que no se cumplieron los requerimientos oficiales de construcción, que hubo corrupción, que habrá demandas y juicios y, dicen, culpables. La autoridad informa que dará una magra compensación y ayuda a los damnificados. Queda cada vez más claro que además de un desastre natural, éste es el resultado de una decadencia humana y política, de la desatención, el engaño y la negligencia.

Vivo con miedo. Esto no se acaba, el drama de vivir en la Ciudad de México continúa, y continuará.



Publicado en el Diario el Deber. 08/10/17

viernes, 22 de septiembre de 2017

TEMBLOR. 
Desasosiego y esperanza

Fotos y texto Hugo José Suárez

1  Llego a mi casa luego del susto. El tráfico estaba intenso, y todos asustados. En la puerta de mi edificio la gente se congrega, pocos quieren volver a sus hogares. Las paredes que otrora daban seguridad, hoy son un riesgo. Subo a mi departamento y me encuentro con el eco del terremoto. Son cosas leves: cajones abiertos, botellas caídas, adornos perdidos. La pared de mis fotos favoritas está desencajada, ninguna simetría resiste el temblor



Salgo a caminar por Coyoacán, mi barrio adoptivo, desde donde escribo, aprendo, platico, enseño, leo. Llego a la iglesia principal, entre las ramas, alcanzo a ver la silueta de la cúpula del templo, hay un espacio vacío. Me doy la vuelta, frente al atrio veo las piedras tiradas de aquello que fue una pequeña torre que sostenía la cruz. Ya no está en lo alto.







Voy a dormir con mucha angustia, no sé si habrá réplicas, no sé cuánto aguantará mi edificio. Al día siguiente salgo con mi familia a uno de los lugares que más han sido afectados, donde se desplomó un edificio multifamiliar. Veo rostros de los rescatistas anónimos. Uno está en bicicleta llevando agua y víveres, otro va en moto con palas y chalecos color naranja, uno más va caminando, con una mochila en las espaldas, cargando esperanza. 




 Un sentimiento nos une a todos, solidaridad, ganas de ayudar y una sola pregunta: ¿qué puedo hacer? Un niño sale con una pequeña canasta con “tortas” y un cartel informando que las regala. Alguien cuela un cartel improvisado para atender mascotas. Una mujer, que sin duda se levantó con el impulso de hacer algo, cocina unas enchiladas en la olla más grande que tiene en casa. Sale a la calle, se instala en una esquina y reparte platos a cualquier transeúnte. 




Aprendemos muchas cosas con este terremoto. El puño en alto significa silencio para que los rescatistas puedan escuchar algún susurro de vida entre los escombros. Hoy los brazos en alto también quieren decir esperanza, resistencia, solidaridad, ternura. Significan que sólo juntos podemos enfrentar la desgracia. 


   Me quedo con esta última toma. Es un departamento a unas cuadras de mi casa, un quinto piso. El edifico fue evacuado. Imagino que los dueños sólo pudieron subir una vez más, custodiados por un profesional, para sacar lo más importante. No hubo condiciones para una mudanza. Se quedan los sillones, el cuadro chueco, las plantas que nadie regará más, las cortinas que enfrentarán la lluvia y el viento. Un amigo cercano que también tuvo que evacuar comentaba que, entre otras cosas, el terremoto enseña a desprenderse de los objetos cotidianos y queridos. Ahí está el departamento que albergó tantas historias y que ahora sólo espera ser demolido. Una pequeña bandera mexicana cuelga de la ventana. 


lunes, 11 de septiembre de 2017

El paso por una barbería



Hugo José Suárez

Después de muchos años de desearlo y planearlo, ayer fui a una barbería. Tengo imágenes dispersas de cómo fui construyendo esa aspiración. Guardo en la memoria fotografías y escenas de películas que mostraban ese lugar con un sinfín de cositas, casi como juguetes, para atender la barba. Esas tomas antiguas en blanco y negro me dicen tanto: los asientos mullidos, el cuero para afilar la navaja, los perfumes, los grandes espejos. Siempre había querido entrar a ese mágico lugar, y recién ahora, poco antes de llegar al medio siglo de vida, satisfice mi anhelo.

Además, mi relación con la barba tiene su propia historia. Como llegué a la adolescencia huérfano de padre, no tuve un referente que me indicara cuestiones básicas sobre su afeitado o cuidado. Fui descubriendo todo en el camino, intuitivamente, cometiendo muchos errores y provocando algunas heridas. Cuando estaba alrededor de los quince años, el tema se volvió central en el colegio - por cierto horrendo: puros varones- donde todos nos mirábamos el rostro para encontrar algún indicador de hombría. La aparición de unos pelos era orgullosamente presumida, y su ausencia signo de debilidad y vergüenza. Era un contexto hostil donde el cuerpo y sus expresiones eran una constante afirmación de identidad. Pero mejor dejo la adolescencia -ya habrá ocasión para ocuparme de mis recuerdos perturbadores en el colegio San Ignacio- y paso a otra imagen.


Tengo guardado un episodio extremo en la fabulosa película Color púrpura (Spielberg, 1985): es una pareja disonante de negros en el mundo rural norteamericano, el violento y abusivo marido está siendo rasurado por la esposa. La escena es fabulosa, el campo, la madera, el zaguán, el paisaje. Él está sentado en la silla con la cabeza hacia atrás y el cuello completamente expuesto. Ella, que guarda rencor acumulado, toma la navaja, la pasa -lentamente, como quien se prepara para un sacrificio- por el cuero para afilar y la resbala por la piel que tiene agua jabonosa escurriendo por el pescuezo. En su rostro se siente la tensión que juega en su interior, la opción de dejar que sus manos hundan un poco, sólo un poco, el afilado metal cortando la vena principal del marido, provocándole la muerte en cosa de segundos. La tentación la ronda, es el momento en el que el malvado cónyuge está en sus manos, indefenso, como cordero antes de ser degollado. Es de las pocas ocasiones donde ella tiene el control, y la vida del otro entre sus dedos.

El caso es, decía, que ayer fui a la barbería en Coyoacán. Llegué a ese templo de masculinidad jugando mi rol de varón. Me sentaron en una cómoda silla y empezó todo el ritual.  Me preguntó la peluquera: “¿cómo quiere su barba?”, “como está pero más marcada y corta”, respondí sin muchas más indicaciones que dar. Primero usó una máquina eléctrica simple, de esas en las que se puede graduar el tamaño del cabello y que todos tenemos en casa. Pero luego se puso bueno. Me dio la vuelta de manera que no podía verme en el espejo, y quedé completamente en sus manos, frente a frente. Pasó por mi rostro una toalla caliente, luego cremas. Con la frialdad de un cirujano y el detalle de un pintor, tomó la navaja, fue pasándola por distintos lugares de mi piel, intercalado con aceites, olores y toalla caliente. Me miraba como quien mira un lienzo en plena elaboración de un retrato y continuaba con su fino trabajo. Al final me puso una loción de suave fragancia y me pasó el espejo para que vea su obra. Todo quedó perfecto.

Salí de la barbería satisfecho, un momento agradable, un deseo cumplido. Pronto volveré.

sábado, 26 de agosto de 2017

El trazo político de Rius



Hugo José Suárez


Eduardo del Río, que se hizo conocer como Rius, fue un caricaturista nacido en Zamora (Michoacán, México) en junio de 1934. Vino al mundo en una de las ciudades más católicas y conservadoras de la república y murió en agosto del presente en un pequeño pueblo encantador, progresista y emblemático: Tepoztán (Morelos). En sus largos y fructíferos 83 años de vida publicó una centena de libros de historietas convirtiéndose en el referente principal de la caricatura política mexicana.

Su cuna fue una familia humilde, muy religiosa pegada al catolicismo; huérfano de padre desde su nacimiento, se trasladó a los dos años a la Ciudad de México siendo internado en el Colegio Salesiano donde pasó parte de su infancia. Su formación católica básica fue la clave para convertirse al ateísmo y dedicar buena parte de su obra a la crítica a esta institución eclesial, así lo confesó alguna vez: “Le tengo que agradecer a Dios que me volvió ateo, y a la iglesia católica que me volvió anticlerical” (La Jornada Semanal, 13/8/2017).

La manera de descubrir su vocación gráfica fue curiosa, casi paradójica. De joven trabajaba como telefonista en la Funeraria Gayosso (una de las más importantes en México); en el generoso tiempo libre que le daba su labor, se dedicaba leer y dibujar. A los 20 años tuvo la suerte de que un cliente de la funeraria lo viera pintando; le dejó su tarjeta y le solicitó que le enviara algunos chistes para la revista Ja-Já que él dirigía. Estuvo en esas durante una década hasta que pudo pasar a la historieta y convertirse en un profesional.

Publicó libros fundamentales como Cuba para principiantes, Lenin para principiantes, Marx para principiantes, Manual del perfecto ateo, Su majestad el PRIPalestina, del judío errante al judío errado, Jesús alias el Cristo, Marihuana, cocaína y otros viajes, Historia del Kapitalismo. Además, fundó y dirigió las revistas Los Supermachos, Los Agachados, El Chamuco y los Hijos del Averno.

El trabajo de Rius es una síntesis de la tradición mexicana de la caricatura crítica -cuyo mejor exponente fue Guadalupe Posadas-, la visión del arte comprometido y dirigido al sector popular heredado de los muralistas, y la creatividad y profundidad de los escritores del siglo XX. De hecho, cuenta que parte de su formación informal provino de la suerte de poder pasar largas horas en una librería cercana a la Funeraria Gayosso en la cual, entre 1952 y 1954, los sábados sucedían exquisitas tertulias con Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Juan Rulfo y otros destacados literatos.

Su propuesta gráfica fue de la mano de una intención política. Su pedagogía reposó en la idea de que “los gobiernos son felices con súbditos ignorantes” (La Jornada Semanal, 18/8/2017), por lo que se esforzó en formar, en transmitir mensajes, en desmontar íconos del poder y de la religión. Su obra quería llegar al pueblo, por lo que su trazo y argumento eran muy legibles y comprensibles, con la intención de informar, convencer y denunciar. Su vida y su lápiz fueron una apuesta política libertaria. En ese aspecto se pareció mucho a otros autores como Héctor Oesterheld que, desde Buenos Aires en años similares, emprendió la tarea de concientizar fungiendo como el encargado de comunicación de la guerrilla montonera. El inmensamente creativo caricaturista argentino fue desaparecido por la dictadura y sus familiares cruelmente asesinados.

El impacto de su obra fue tan grande que hoy en México es una referencia para propios y ajenos, se dice que fue de los mejores promotores culturales y formadores populares. Pocas personas no han leído uno de sus libros en algún momento de su vida.

En su revista Los agachados, Rius dedicó amplias páginas a los problemas latinoamericanos. Por azarosos guiños del destino, hace unos años me regalaron el ejemplar N. 85 del 30 de enero de 1972 dedicado a Bolivia, que lo guardo como reliquia. Ese número es un repaso crítico por la historia boliviana desde el período incaico hasta el golpe de estado de Bánzer en agosto de 1971. Por supuesto se detiene en la lucha de la independencia, en la Revolución del 9 de abril, en la muerte del Che, en la guerrilla de Teoponte y en la Asamblea Popular. Cuenta Rius que para elaborar su número temático recibió la ayuda de dos periodistas bolivianos exiliados, me pregunto por sus nombres.

En muchas ocasiones “me topé” con Rius -nunca personalmente-. La última vez fue en una exposición en Cuernavaca hace poco. Recuerdo bien una viñeta con un diálogo simple y profundo entre dos personas que se aplica para muchos contextos: “¿y usted, todavía espera algo del gobierno? Sí: que se acabe”

Rius. Universal y transtemporal. Seguirá siendo una fuente para reírnos del poder y de la política.


Publicado en el diario El Deber 


lunes, 14 de agosto de 2017

Me vale madres


Hugo José Suárez 

En el largo pasillo que desemboca al atrio de la iglesia dedicada a la Virgen de la Salud, en Pátzcuaro (Michoacán, México), se encuentran varios puestos de venta que alternan artículos religiosos con productos alternativos para la salud. En los primeros, como siempre, hay imágenes de Jesucristo en sus distintas versiones, del popular San Judas Tadeo, por supuesto de la Virgen de Guadalupe, además de Niño Dios, de Virgen de la Salud -entre otros-; todo rodeado de cirios, rosarios y crucifijos.
Es que el mercado religioso compite, en igualdad de condiciones, con la variada oferta de medicina tradicional con innumerables funciones: aceite de pino (tos, asma, bronquios), jarabe de achoque (anemia), gotitas para los ojos (carnosidad, vista cansada, ardor, comezón), semilla de zopilote (obesidad, diabetes), pomadas para barros, espinillas, hongos, hemorroides, gel de peyote con marihuana (torceduras, dolor de rodillas, nervio ciático), jugo de maguey (colitis, úlceras, próstata).
Entre tal variedad, la farmacia para el cuerpo y el alma tiene también un producto que no había visto antes -claro, el mercado es muy dinámico-: “Me vale madres”. Viene en dos tamaños, uno es extracto con 60 ml, y el otro son 60 cápsulas de 650 mg cada una. Se lo vende en una cajita típica de medicina, naranja, que tiene en un costado un perfil humano azul donde se resaltan con colores fuertes las diferentes partes del cerebro. Dice: Reforzado con flor de magnolia, original, 100% natural. Según el instructivo de la caja, la medicina tendría que curar tensión nerviosa, falta de sueño, cansancio y agotamiento, dolor de cabeza, mala memoria, mal carácter, migraña, estrés, depresión, ansiedad, irritabilidad, relajante. 
En México la expresión “me vale madres” es grosera (pero puede ser peor: “me vale verga”), no suele estar dirigida a una persona -aunque eventualmente sí-, sino que más bien es una especie de declaración ante la vida. Es una afirmación contundente que denota ausencia total, radical, de importancia respecto de algún tema particular (el equivalente en Bolivia sería: “me importa un carajo”).
En múltiples ocasiones me he encontrado con nombres de productos especialmente llamativos con interés comercial: alguna vez he comprado unos chocolates -deliciosos por cierto- llamados “pedo de monja”. Lo importante aquí es que el producto curativo es el resultado de una “afinidad electiva” -para ponernos sociólogos- entre la medicina tradicional y sus múltiples ofertas para atender los males del cuerpo, el lenguaje popular mexicano, y el espíritu de época con una interpretación del “buen vivir” que debe combatir el estrés, la depresión y hasta el mal carácter. Es una especie de compleja combinación entre la cultura oriental de la armonía y el equilibrio -muy yoga-, la afirmación mexicana de mandar todo al diablo, y el uso de hierbas para curar cuerpo y alma.


Unos años atrás en una farmacia en Nueva York encontré pastillas que traían cafeína y eran para curar el estrés. Cada cultura tiene sus maneras de resolver sus angustias existenciales; en el caso mexicano, sucede de la mano de la oferta religiosa. En fin, volviendo a la sociología, todo producto busca satisfacer la necesidad de una población, así que “me vale madres” es un signo de los tiempos de la sociedad actual. Juro que la próxima vez me compraré el tónico, cualquier rato lo puedo necesitar y conozco varios a quien regalar.  

Publicado en el Diario el Deber 13/08/17