miércoles, 19 de noviembre de 2008

Literatura fantástica


Mirar y escuchar. Fantasear y creer. Dejarse llevar. Darle a la imaginación un lugar protagonista. Un domingo en el Fondo, con la buena compañía de un cuenta cuentos, un ladrón de la realidad y partero de las fantasías.

Mexicanidad


A menudo me pregunto si los mexicanos no somos un poco eso: una foto movida, todo fuera de foco, con la tecnología que nos atraviesa, la catedral que nos vigila y la bandera que nos acompaña. Todo desde el Zócalo del DF, que convoca y reúne. Y entre tanto, luces, fiesta, vida.

jueves, 13 de noviembre de 2008

No aparezcas más


Fue una tarde en la librería Gandhi (México D.F.). La curiosidad por no dejar pasar los secretos que el buen Silvio nos regala en sus letras, me llevó a escuchar su último álbum que entonces estaba en exhibición. Se trataba de Érase que se era, ahí por el 2006. Empecé a recorrer las canciones, y al llegar a la pista tres “No aparezcas más sin avisar”, quedé detenido. Silvio me conducía por cada nota y yo escuchaba con el alma erizada -¿hechizada?-. Me quedé mirando por la ventana. Afuera llovía.

“No me escribas más si después no vuelves (…). No me digas más que ya tengo frío (…). No te quiero ver de nuevo brevemente, no te quiero ver y después llorar (…). No aparezcas más que tu nombre me pasma, no aparezcas más que siempre me derrumbas, no aparezcas más, tengo con tu fantasma”

Y volví a recorrer por los laberintos de mi caprichosa memoria, deteniéndome en lugares inesperados, acaso escondidos. De ahí hasta hoy, cada que escucho “no aparezcas más” no puedo hacerlo sólo una vez, y vuelvo a recorrer por aquella lluviosa tarde en el segundo piso de la librería cuando se encontraron Silvio y mis melancolías.

Sólo a veces sucede. La melodía, la letra y el espíritu entran en una sola sintonía sin pedir permiso, sin anunciarse. Y si el encuentro sucede, sólo queda disolverse en el aire y transitar junto a las notas, no pensar, sólo dejarse llevar.

jueves, 30 de octubre de 2008

Presentación del libro



El nacimiento de un libro es siempre un motivo de fiesta. Sólo los autores saben el esfuerzo, las horas de trabajo, los desvelos, las lecturas, las discusiones, el tecleo en la computadora, en suma, la vida que se deja en esas páginas. Así como Marx veía detrás de una mercancía la teoría del valor, nosotros deberíamos construir una teoría de la inversión del tiempo y de la vida que se esconde detrás del libro.

El documento que hoy nos convoca es un esfuerzo colectivo. En él participamos seis autores de distintas nacionalidades. El punto de encuentro fue la Universidad Católica de Lovaina, instancia por la cual todos transitamos durante varios años. Su gestación duró más de 10 años, empezó con los primeros cursos que algunos doctorantes tomamos en dicha Universidad y vimos la necesidad de compilar una obra con traducciones y reflexiones que a menudo se quedaban en un aula de Lovaina. El proyecto sólo pudo comenzar a cristalizarse una década después aquí en México.

El objetivo del documento tuvo dos dimensiones: primero realizar una síntesis de una corriente de la sociología de la cultura que se desarrollo en Bélgica a partir de los años 70, y que hasta nuestros días sigue ofreciendo productos académicos. En segundo lugar el interés de la publicación fue presentar pedagógicamente una veta de investigación que, más allá de sus límites y aciertos, ha sabido conjugar el problema teórico con el desafío metodológico. Aquí cabe una palabra.

A menudo se suele dejar al método en un rincón de nuestras investigaciones, y se saca la tantas veces utilizada metáfora de la “caja de herramientas” pensando que todo se resuelve con decidir cuál técnica es más adecuada para lo que buscamos. Pocas veces se subraya la relación entre teoría y el método, el que no existe un método sin teoría y que no todo método se puede utilizar con cualquier teoría.

Con el problema del método, los centros de formación suelen dar mensajes contradictorios: se pide a un estudiante de maestría que utilice varios métodos a la vez, que conozca en profundidad lo cuantitativo y a lo cualitativo y que lo aplique en una investigación de unos meses. Existen pocos espacios que se tomen el tiempo para enseñar un método, uno solo, pero con el detenimiento necesario.

En este libro se habla del análisis estructural de contenido, y se pretende tender los puentes con la teoría que lo sostiene y con sus aplicaciones operativas. Se busca ofrecer una manera de analizar los datos empíricos, y que pueda ser útil para futuras investigaciones. Nada más.
Pero volviendo al trabajo que implica publicar un texto, decía que se trata de un esfuerzo siempre colectivo. Este libro no existiría sin las instituciones que lo impulsaron. Debo así agradecer a El Colegio de Michoacán que contribuyó en el nacimiento de la idea y parte de su ejecución, a Rosalba Casas y al Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM que me recibió en esta magnífica instancia de trabajo y que no dudó en apoyar la publicación. Debo subrayar lo grato que es para mí publicar un libro en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, institución que hace décadas ha venido contribuyendo al desarrollo de las ciencias sociales en México y que ha sabido articular innovación con tradición en sus distintas propuestas académicas. Un agradecimiento especial a Teresa Carbó, Raymundo Mier y Gilberto Giménez por aceptar comentar el contenido, y compartir esta noche de festejo. Gracias por haberlo leído y habernos regalado unas palabras sobre sus debilidades y aciertos, saliendo de los políticamente pertinentes elogios a la obra y los autores, y tomándose en serio la lectura. Ya se ha dicho que la mejor manera de honrar a un autor es criticándolo.

Gracias a la Casa de las Humanidades por este espacio abierto y promotor de la discusión académica. Y como decía que un libro es un motivo de celebración, que la palabra se retire y que abra paso al vino para que continúe la fiesta. Muchas gracias.

Buenas noches.

Hugo José Suárez
Octubre 2008

lunes, 27 de octubre de 2008

Reunión


¿Por qué una historia tantas veces contada puede seguir llamando nuestra atención? ¿Qué no se ha dicho de El Che? ¿Qué más se puede decir? No sé, es como ir a ver el Titanic conociendo el final e igual disfrutar de la historia harto conocida.

Encontrarse con Reunión (Ed. Libros del zorro rojo, 2007) es toparse con tres argentinos extraordinarios: el Che, Cortázar, Breccia. El primero pone la historia, el segundo la pluma, y el último el trazo. Entre los tres tejen el ambiente, la pluma dialoga con la imagen con igual importancia y narran el duro tránsito del guerrillero por la Sierra cubana antes del accidentado encuentro con Luis (Fidel). En la travesía la esperanza y la muerte juegan un rol similar, compiten buscando protagonismo, y al final queda claro que no hay esperanza sin muerte, pero la victoria le pertenece a la primera.

Reunión es una unión con la historia épica, es un guiño de los inmortales que interpelan nuestra vida cotidiana.

lunes, 13 de octubre de 2008

El tiempo de las cholitas


Cuando vi esta foto de David Mercado publicada en La Jornada, quedé impactado. Tardé mucho en escribir sobre ella porque me provoca muchas cosas. Por un lado, el valor estético, la composición, el juego de las polleras moviéndose al ritmo de los colores. Me conmueve más que ver a Lorena Ochoa ganando una de sus tantas medallas en un torneo internacional. Pero por otro lado, me lleva a reflexiones inacabadas sobre el tema, al sin sentido de una chola –ubicada abajo en la escala social boliviana- practicando el deporte más hermético y distintivo de la élite. La cholita que ahora se convierte en imagen for export, que es retratada cuando practica “lucha libre”, cuando trabaja como prostituta, cuando enamora en una plaza o, ahora, cuando juega golf. “Tee time for Cholitas”, como titula Reuters un video difundido en Internet. La cholita devenida en algo excéntrico, en una imagen turística, como si no fuera una mujer más que puede hacer cientos de cosas y no tiene por qué llamar la atención. Pero para cierta mirada sorprendida, ella está ahí, donde no debería estar, entre lo insólito y lo sublime, entre lo ridículo y la reivindicación, en una tarde acariciada por el sol paceño.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Comprar sin necesitar

Los martes suelo rentar dos películas de una las tiendas de video que se jacta de ser una de las más grandes en el mundo (8,900 establecimientos en 25 países). Lo hago ese día porque es el único en el que se ofrece un descuento del 50%.

La semana pasada el entusiasta muchacho que atiende en el lugar, en el momento de pagar el alquiler de mi film, me quiso vender una nueva promoción. Su relato inició -como lo hacen los Testigos de Jehová que regularmente tocan las puertas de mi domicilio los domingos muy temprano- con una pregunta:

- ¿Ve usted más de 5 películas al mes?
- Sí –respondí tímidamente-.
- Entonces este paquete le conviene y puede convertirse en un “cliente distinguido”: Si usted paga ahora 60 pesos, le regalamos un CD que tiene valor comercial de 80 pesos; los lunes, miércoles y jueves podrá sacar tres películas pagando solamente dos; al llegar a la quinta película rentada, la sexta será gratis!

Desconfiado como soy de todas las ofertas fáciles del mercado, respondo casi automáticamente “no, muchas gracias”, y en el camino de vuelta a casa, con mis dos películas de martes en la mano, empiezo a hacer cuentas.

El video que querían “regalarme” era una producción de la BBC que, a pesar de ser simpática, no me interesaba y nunca hubiera pagado los 80 pesos de su costo original. El primer argumento se cae solo. Por otro lado, tanto mi presupuesto como la economía de mi tiempo, no me permiten ver más de dos películas a la semana, y eso en el día de la rebaja (el martes). Es decir que la posibilidad de gastar un lunes, miércoles o jueves 60 pesos en dos películas para rentar gratis una tercera extra no me facilitaba la vida: me haría invertir más dinero del que regularmente tengo asignado al consumo fílmico y perturbaría los tiempos que tengo reservados para otras cosas. Finalmente, haciendo cuentas alegres, considerando que se deben invertir 60 pesos para la tarjeta de “miembro distinguido”, y que saco en promedio dos películas por semana (gastando 30 pesos), sólo después de dos semanas y media podría empezar a recuperar mi pequeña inversión, y sería recién luego de dos meses que mis 60 pesos dados inicialmente estarían recuperados y comenzaría a tener una ganancia.

Con lo dinámicas que son estas cosas, en dos meses sólo Dios sabe qué dirían los de la empresa, si continúa la misma política, surgen nuevas ofertas, o cualquier otra ocurrencia.

Como esta experiencia, vivimos inundados de ofertas: “lleve ahora y pague en 18 meses”, “solicite nuestra tarjeta de cliente especial”, “el que nada debe, nada tiene”, etc. Para el caso, no deja de impactarme la sensual presentación del mercado que se empeña en vendernos cosas que no necesitamos o que no se adecúan a nuestras formas de consumo. Lo que les importa, claro está, es vaciar nuestros bolsillos, y no faltan incautos que caen en las seductoras redes. Es la promoción descarada de la cultura de comprar sin necesitar.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Una visita extraña

Toca la puerta de mi cubículo, en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, un guapo joven con una camisa roja que trae bordado el logo de Tele Azteca. Lo invito a sentarse, y me dice más o menos lo siguiente: “Disculpe la molestia. Fíjese que estamos haciendo un reportaje sobre por qué los mexicanos cuando vemos una billetera o un billete en la calle, en vez de levantarlo y devolvérselo a su dueño, nos lo guardamos. Ya he preguntado a una psicóloga que me ha dicho su opinión, pero ahora quisiera saber la de un sociólogo”.

Mientras habla y me explica sus necesidades, por dentro siento desconcierto y risa. Cuando termina su parlamento, le digo pausadamente que las formas mediáticas y las formas académicas no son las mismas, que si quisiera que hablemos sobre el comportamiento del ciudadano en la calle cuando tiene alguna sorpresa, yo tendría que hacer una investigación de unos meses, o años, para dar una respuesta sensata. Le señalo que si está dispuesto podemos planificar conjuntamente una serie reflexiones sobre los nuevos usos de la calle y sus objetos perdidos, pero eso implicaría horas de seminario, y al final, luego de mucha lectura, discusión y observación, podríamos preparar un programa de difusión masiva. Además, le explico que mi especialidad es sociología de la religión, por lo que en verdad no estoy capacitado para hablar de esos temas. Finalmente, le doy mi tarjeta y le subrayo que estoy dispuesto a que nos tomemos buenas horas en pensar el problema, si quiere buscarme, aquí estaré esperando.

El joven se va decepcionado, seguramente a tocar la siguiente puerta. Es que estos profesionales de la tele están acostumbrados a los “fast thinkers” como decía P. Bourdieu, y no les cuesta nada poner el micrófono al frente del primero que se la pasa por delante. En fin, cosas de los medios.

miércoles, 13 de agosto de 2008

¿Alguna vez existió la "media luna"?

A propósito del referendum revocatorio en Bolivia el 10 de agosto pasado

Los resultados del referéndum revocatorio vienen a romper varios mitos que fueron mediáticamente creados y políticamente defendidos sobre el proceso político boliviano. Veamos.

1. Evo ha perdido el apoyo popular. Fue ampliamente difundido y argumentado en correos electrónicos, periódicos, programas televisivos, etc., que el presidente ya no tenía el respaldo que tuvo hace dos años, pues sus acciones políticas habrían sido sistemáticamente erróneas. Como vemos con los datos, Evo Morales es apoyado por el 67% de la población (13 puntos porcentuales más que en el 2005), lo que es un resultado inédito en la historia del país. Si este resultado hubiera sido una elección, el MAS tendría mayoría tanto en la cámara de diputados como en la de senadores, lo que facilitaría la gestión de gobierno.

2. Hay regiones donde el presidente “no tiene pisada”. Los días antes del referéndum se realizaron tomas de aeropuertos en Tarija, Pando y Santa Cruz, recordando esa torpe tradición golpista de impedir que contrincantes políticos lleguen a otras tierras, tal como sucedió cuando candidatos de la Unión Democrática Popular visitaban Santa Cruz y el aeropuerto El Trompillo fue tomado por grupos armados, allá a finales de los 70 (parece tan lejano, y sin embargo…). Incluso no se permitió la llegada del mandatario a Sucre con amenazas y condiciones completamente descabelladas. Esos grupos ultra radicales que con banderas locales pusieron en vergüenza internacional al país, querían mostrarse –y los medios así lo hicieron- como una mayoría aplastante que repudiaba a Evo Morales. Los datos del referéndum nos dicen que en Tarija el 50% de la población hubiera esperado esa visita, en Pando el 53%, en Chuquisaca el 54%, y en Santa Cruz al menos el 40%. Es decir que la bochornosa toma de aeropuertos fue realizada por un sector particular que no tiene el respaldo de la mayoría de la población.

3. La “media luna” es un frente homogéneo que no aprueba el plan de Evo Morales. Gracias a los medios y a ciertos sectores políticos, daba la impresión de que el país estaba dividido en dos, una región claramente a favor de Morales y otra radicalmente opuesta. Resulta que la realidad no es así. Como lo acabamos de señalar, el presidente tiene apoyo en el 54% de la población en Chuquisaca, el 53% en Pando, el 50% en Tarija. La mal llamada “media luna” no es más que una asociación de empresarios que resguardan sus intereses, particularmente hermanados en Beni y Santa Cruz (y no hay que olvidar que la oligarquía cruceña mira como inferiores a los benianos). La “media luna” no existe, lo único que hay es una alianza de algunas élites que, en la mayoría de los casos dando la espalda a su propia población (particularmente en Tarija y Pando), y realizan pactos políticos para defender los negocios empresariales.

En suma, en el caso de Pando, Tarija y Chuquisaca, si los prefectos fueran verdaderamente demócratas y pretenderían representar a su población y no a las oligarquías de su región, deberían apoyar a Evo Morales, o al menos dialogar para encontrar los puentes entre el proyecto nacional y el departamental. En el caso de Santa Cruz y Beni, si estos prefectos se condujeran con un mínimo principio democrático, tendrían que escuchar a sus minorías locales (cuatro de cada diez benianos y cruceños) y atender las demandas de las mayorías nacionales (si quieren todavía vivir en una República llamada Bolivia).

Con los resultados del referéndum, se puede afirmar que no hay región en el país que no cuente con un amplio conglomerado humano que esté a favor del presidente y su proyecto de cambio, aunque el porcentaje varíe de acuerdo a las regiones (como sucede en cualquier lugar del mundo). En la historia de Bolivia, no ha existido un proyecto societal que haya alcanzado tal consenso. Ningún programa político, ningún líder, logró lo que Evo Morales. Hoy queda claro que el deseo del pueblo boliviano es seguir por el camino de la revolución democrática que encabeza el presidente, y esa voluntad se debe acatar.

martes, 29 de julio de 2008

Lo privado en el espacio público

Diariamente tomo una pesera en el recorrido de mi casa –en Coyoacán- a la Ciudad Universitaria. En el camino, mato el tiempo entre la lectura del periódico y la observación del comportamiento de los demás; finalmente, sigo siendo sociólogo (y recuerdo a Marc Augé cuando escribía Un etnólogo en el metro).

Tres escenas llaman mi atención:
- Una mujer sentada a mi lado saca de su cartera una pequeña bolsa de cosméticos. Los abre cuidadosamente y empieza la sesión de decorado. Como sucede en estos casos, va paso a paso, utilizando con especial maestría cada uno de los instrumentos y dominando el movimiento del agitado transporte. Todo con el objetivo de embellecerse, resultado claramente conseguido al llegar a su destino.
- Un joven muy bien acomodado en dos asientos, saca de su mochila un cortaúñas y procede, también controlando el tambaleo de la pesera, a recortarse cada uña (por suerte de las manos solamente). El sonido que acompaña a este natural acto se escucha muy a pesar de la música impuesta por el conductor.
- Un oficinista, vestido con traje y corbata, contesta su bullicioso celular y nos invita a todos a participar de lo que podría ser una reunión de trabajo. Hablando fuerte da órdenes con respecto a su proyecto, estrategias, actividades para el día, etc.

Ninguno de los comportamientos me molesta particularmente, los observo con curiosidad científica, pero me pregunto hace cuánto que el espacio público se ha convertido en un lugar para hacer cosas que estaban reservadas a la privacidad. Y me preocupa pensar hasta dónde llegaremos. ¿Cuál el límite para compartir con los demás en esos lugares? ¿Será que la urbanidad nos ha convertido en seres brutalmente anónimos que ya no tenemos sentido del ridículo? Vaya a saber.

jueves, 24 de julio de 2008

La Alfarera, de Jesús Durán



La Alfarera es un disco sobrio, a la vez que profundo. Se trata de una compilación del canta-autor boliviano Jesús Durán con lo mejor de su producción. El Jechu, como fue conocido, fundó y dirigió el Taller de Música Popular Arawi, que fuera un colectivo de jóvenes creadores que, en 1984, presentaron el álbum Explicación de mi país, disco que recorría la historia y el territorio de Bolivia en una lectura crítica y a la vez cargada de propuestas. Durante los años ochenta y noventa, canciones como Las Ninfas (letra de Jaime Sáenz), Siglo XX, Warmis, Jallalla, y tantas otras acompañaron guitarreadas, veladas universitarias y conciertos, y fueron re-interpretadas por varios artistas de distintos géneros en las décadas siguientes.

Jesús Durán no sólo ha sido un compositor, sino que ha diseñado un horizonte cultural, y su obra ha marcado una lectura de lo social. Por eso su importancia, y el lugar que ocupa en las producciones culturales de los ochenta. El como ningún otro, logró conjugar una propuesta estética cargada con el espíritu de la época. Pero no lo hizo desde la sobre ideologización o el discurso fácil, sino que retrató la cotidianidad y la tejió con la historia. Así, el obrero de “Overol azul” puede hablar de “unos labios frescos” y un “cántaro de amor” con la misma soltura que cuando se refiere a los caídos en las luchas mineras.

En La Alfarera, uno puede escuchar la sencillez de una guitarra con la profundidad de una mirada que, articulando pasado, cotidianidad presente y proyecto de futuro, tiene clavados los ojos en el horizonte. A MTV le costó años darse cuenta que el “unplugged” podía ser más potente que la parafernalia de tecnología, arreglos, luces y escenario. Cuando la creatividad y el proyecto cultural priman, todo lo demás son detalles que sobran. Por eso La Alfarera, como el Jechu mismo, están llamados a ser un clásico de la música popular boliviana, y por supuesto, latinoamericana.

domingo, 13 de julio de 2008

Metáfora sobre Pemex


¿Cuántas fantasías puede despertar un maniquí? ¿Cuántas ilusiones? ¿Cuánto deseo hay que tener guardado para que una muñeca de plástico invite a ser desvestida? Y entre tanto, ¿no es esa una metáfora sobre el debate actual de la privatización de PEMEX?

Foto de familia

Dime con quién andas...


Abro La Jornada (México) y me encuentro con la foto que muestra a la indígena Savina Cuéllar festejando su elección como prefecta del departamento de Chuquisaca en Bolivia. Sus compañías son remarcables: Leopoldo Fernández (Exsenador del Acción Democrática Nacionalista -partido del fallecido dictador Hugo Bánzer-, ahora reconvertido militante de PODEMOS, prefecto -y dueño- de Pando); Rubén Costas (empresario derechista de Santa Cruz, perteneciente a la élite de su departamento y acusado de secesionista, prefecto de ese departamento); Ernesto Suárez (joven relevo de la nueva derecha, prefecto de PODEMOS por Beni); Mario Cossío (antiguo militante de izquierda actualmente emborrachado en los encantos del dinero de la élite chapaca, prefecto de Tarija).

La foto me recuerda a aquella en la que el Cardenal Terrazas, rodeado también por lo más selecto de la política local, promovía el "Acta de entendimiento", en el 2001. O tantas otras imágenes siempre vergonzosas.

En fin, Savina le devuelve al indígena el lugar que la élite le quiere dar: un indio domesticado que sirve de adorno, que no molesta, que acata, que obedece sin mandar. Una lástima. Una patética manera de empezar. Y un detalle final: ¿desde cuándo los indígenas brindan con copas y vino blanco -o será champagne-? ¿Acaso no tenían chicha o cerveza?

viernes, 11 de julio de 2008

El balcón



Una ventana siempre carga algo de mágico. No sé, acaso porque nos invita a pensar qué hay adentro, qué está del otro lado, sin darnos más pistas que la imaginación.

Esta foto me recuerda a Guanajuato, el tiempo vivido en esas laberínticas calles donde uno se puede encontrar con este tipo de paisaje repetidas veces. Pero a la vez, no puedo evitar recordar mis paseos por Venecia, o las caminatas en Brujas custodiados por fachadas burguesas, o la obsesiva observación de los balcones del barrio de San Pedro, en La Paz.

El fantasmal encanto de una ventana abierta, misteriosa, discreta, encantadora, como una mujer a punto de abrirnos sus compuertas.

Sueño Ligero en la web

No porque no me considere moderno, pero tardé en entrarle a la tecnología. Sobre todo si ésta me avasallaba e intentaba marcarme sus ritmos. Sólo tuve celular después de un accidente cuando vi que su utilidad era enorme. Compré la famosa Palm luego de mucho elucubrar y convencerme de que sí la necesitaba. Y ahora, luego de tantas vueltas, paso, tibiamente, poco a poco, a este canal.

Además, no estoy seguro del formato que implica tener un "blog". ¿No es algo similar a enviar una botella con un mensaje al mar? ¿para quién, para qué escribir en un lugar así? ¿quién el destinatario? La pregunta es todavía más general: ¿qué buscamos cuando escribimos? y ¿qué cuando escribimos aquí?

Como fuera, "ya está" -como decimos en Bolivia-. Empieza esta travesura.