martes, 29 de julio de 2008

Lo privado en el espacio público

Diariamente tomo una pesera en el recorrido de mi casa –en Coyoacán- a la Ciudad Universitaria. En el camino, mato el tiempo entre la lectura del periódico y la observación del comportamiento de los demás; finalmente, sigo siendo sociólogo (y recuerdo a Marc Augé cuando escribía Un etnólogo en el metro).

Tres escenas llaman mi atención:
- Una mujer sentada a mi lado saca de su cartera una pequeña bolsa de cosméticos. Los abre cuidadosamente y empieza la sesión de decorado. Como sucede en estos casos, va paso a paso, utilizando con especial maestría cada uno de los instrumentos y dominando el movimiento del agitado transporte. Todo con el objetivo de embellecerse, resultado claramente conseguido al llegar a su destino.
- Un joven muy bien acomodado en dos asientos, saca de su mochila un cortaúñas y procede, también controlando el tambaleo de la pesera, a recortarse cada uña (por suerte de las manos solamente). El sonido que acompaña a este natural acto se escucha muy a pesar de la música impuesta por el conductor.
- Un oficinista, vestido con traje y corbata, contesta su bullicioso celular y nos invita a todos a participar de lo que podría ser una reunión de trabajo. Hablando fuerte da órdenes con respecto a su proyecto, estrategias, actividades para el día, etc.

Ninguno de los comportamientos me molesta particularmente, los observo con curiosidad científica, pero me pregunto hace cuánto que el espacio público se ha convertido en un lugar para hacer cosas que estaban reservadas a la privacidad. Y me preocupa pensar hasta dónde llegaremos. ¿Cuál el límite para compartir con los demás en esos lugares? ¿Será que la urbanidad nos ha convertido en seres brutalmente anónimos que ya no tenemos sentido del ridículo? Vaya a saber.

jueves, 24 de julio de 2008

La Alfarera, de Jesús Durán



La Alfarera es un disco sobrio, a la vez que profundo. Se trata de una compilación del canta-autor boliviano Jesús Durán con lo mejor de su producción. El Jechu, como fue conocido, fundó y dirigió el Taller de Música Popular Arawi, que fuera un colectivo de jóvenes creadores que, en 1984, presentaron el álbum Explicación de mi país, disco que recorría la historia y el territorio de Bolivia en una lectura crítica y a la vez cargada de propuestas. Durante los años ochenta y noventa, canciones como Las Ninfas (letra de Jaime Sáenz), Siglo XX, Warmis, Jallalla, y tantas otras acompañaron guitarreadas, veladas universitarias y conciertos, y fueron re-interpretadas por varios artistas de distintos géneros en las décadas siguientes.

Jesús Durán no sólo ha sido un compositor, sino que ha diseñado un horizonte cultural, y su obra ha marcado una lectura de lo social. Por eso su importancia, y el lugar que ocupa en las producciones culturales de los ochenta. El como ningún otro, logró conjugar una propuesta estética cargada con el espíritu de la época. Pero no lo hizo desde la sobre ideologización o el discurso fácil, sino que retrató la cotidianidad y la tejió con la historia. Así, el obrero de “Overol azul” puede hablar de “unos labios frescos” y un “cántaro de amor” con la misma soltura que cuando se refiere a los caídos en las luchas mineras.

En La Alfarera, uno puede escuchar la sencillez de una guitarra con la profundidad de una mirada que, articulando pasado, cotidianidad presente y proyecto de futuro, tiene clavados los ojos en el horizonte. A MTV le costó años darse cuenta que el “unplugged” podía ser más potente que la parafernalia de tecnología, arreglos, luces y escenario. Cuando la creatividad y el proyecto cultural priman, todo lo demás son detalles que sobran. Por eso La Alfarera, como el Jechu mismo, están llamados a ser un clásico de la música popular boliviana, y por supuesto, latinoamericana.

domingo, 13 de julio de 2008

Metáfora sobre Pemex


¿Cuántas fantasías puede despertar un maniquí? ¿Cuántas ilusiones? ¿Cuánto deseo hay que tener guardado para que una muñeca de plástico invite a ser desvestida? Y entre tanto, ¿no es esa una metáfora sobre el debate actual de la privatización de PEMEX?

Foto de familia

Dime con quién andas...


Abro La Jornada (México) y me encuentro con la foto que muestra a la indígena Savina Cuéllar festejando su elección como prefecta del departamento de Chuquisaca en Bolivia. Sus compañías son remarcables: Leopoldo Fernández (Exsenador del Acción Democrática Nacionalista -partido del fallecido dictador Hugo Bánzer-, ahora reconvertido militante de PODEMOS, prefecto -y dueño- de Pando); Rubén Costas (empresario derechista de Santa Cruz, perteneciente a la élite de su departamento y acusado de secesionista, prefecto de ese departamento); Ernesto Suárez (joven relevo de la nueva derecha, prefecto de PODEMOS por Beni); Mario Cossío (antiguo militante de izquierda actualmente emborrachado en los encantos del dinero de la élite chapaca, prefecto de Tarija).

La foto me recuerda a aquella en la que el Cardenal Terrazas, rodeado también por lo más selecto de la política local, promovía el "Acta de entendimiento", en el 2001. O tantas otras imágenes siempre vergonzosas.

En fin, Savina le devuelve al indígena el lugar que la élite le quiere dar: un indio domesticado que sirve de adorno, que no molesta, que acata, que obedece sin mandar. Una lástima. Una patética manera de empezar. Y un detalle final: ¿desde cuándo los indígenas brindan con copas y vino blanco -o será champagne-? ¿Acaso no tenían chicha o cerveza?

viernes, 11 de julio de 2008

El balcón



Una ventana siempre carga algo de mágico. No sé, acaso porque nos invita a pensar qué hay adentro, qué está del otro lado, sin darnos más pistas que la imaginación.

Esta foto me recuerda a Guanajuato, el tiempo vivido en esas laberínticas calles donde uno se puede encontrar con este tipo de paisaje repetidas veces. Pero a la vez, no puedo evitar recordar mis paseos por Venecia, o las caminatas en Brujas custodiados por fachadas burguesas, o la obsesiva observación de los balcones del barrio de San Pedro, en La Paz.

El fantasmal encanto de una ventana abierta, misteriosa, discreta, encantadora, como una mujer a punto de abrirnos sus compuertas.

Sueño Ligero en la web

No porque no me considere moderno, pero tardé en entrarle a la tecnología. Sobre todo si ésta me avasallaba e intentaba marcarme sus ritmos. Sólo tuve celular después de un accidente cuando vi que su utilidad era enorme. Compré la famosa Palm luego de mucho elucubrar y convencerme de que sí la necesitaba. Y ahora, luego de tantas vueltas, paso, tibiamente, poco a poco, a este canal.

Además, no estoy seguro del formato que implica tener un "blog". ¿No es algo similar a enviar una botella con un mensaje al mar? ¿para quién, para qué escribir en un lugar así? ¿quién el destinatario? La pregunta es todavía más general: ¿qué buscamos cuando escribimos? y ¿qué cuando escribimos aquí?

Como fuera, "ya está" -como decimos en Bolivia-. Empieza esta travesura.