jueves, 30 de octubre de 2008

Presentación del libro



El nacimiento de un libro es siempre un motivo de fiesta. Sólo los autores saben el esfuerzo, las horas de trabajo, los desvelos, las lecturas, las discusiones, el tecleo en la computadora, en suma, la vida que se deja en esas páginas. Así como Marx veía detrás de una mercancía la teoría del valor, nosotros deberíamos construir una teoría de la inversión del tiempo y de la vida que se esconde detrás del libro.

El documento que hoy nos convoca es un esfuerzo colectivo. En él participamos seis autores de distintas nacionalidades. El punto de encuentro fue la Universidad Católica de Lovaina, instancia por la cual todos transitamos durante varios años. Su gestación duró más de 10 años, empezó con los primeros cursos que algunos doctorantes tomamos en dicha Universidad y vimos la necesidad de compilar una obra con traducciones y reflexiones que a menudo se quedaban en un aula de Lovaina. El proyecto sólo pudo comenzar a cristalizarse una década después aquí en México.

El objetivo del documento tuvo dos dimensiones: primero realizar una síntesis de una corriente de la sociología de la cultura que se desarrollo en Bélgica a partir de los años 70, y que hasta nuestros días sigue ofreciendo productos académicos. En segundo lugar el interés de la publicación fue presentar pedagógicamente una veta de investigación que, más allá de sus límites y aciertos, ha sabido conjugar el problema teórico con el desafío metodológico. Aquí cabe una palabra.

A menudo se suele dejar al método en un rincón de nuestras investigaciones, y se saca la tantas veces utilizada metáfora de la “caja de herramientas” pensando que todo se resuelve con decidir cuál técnica es más adecuada para lo que buscamos. Pocas veces se subraya la relación entre teoría y el método, el que no existe un método sin teoría y que no todo método se puede utilizar con cualquier teoría.

Con el problema del método, los centros de formación suelen dar mensajes contradictorios: se pide a un estudiante de maestría que utilice varios métodos a la vez, que conozca en profundidad lo cuantitativo y a lo cualitativo y que lo aplique en una investigación de unos meses. Existen pocos espacios que se tomen el tiempo para enseñar un método, uno solo, pero con el detenimiento necesario.

En este libro se habla del análisis estructural de contenido, y se pretende tender los puentes con la teoría que lo sostiene y con sus aplicaciones operativas. Se busca ofrecer una manera de analizar los datos empíricos, y que pueda ser útil para futuras investigaciones. Nada más.
Pero volviendo al trabajo que implica publicar un texto, decía que se trata de un esfuerzo siempre colectivo. Este libro no existiría sin las instituciones que lo impulsaron. Debo así agradecer a El Colegio de Michoacán que contribuyó en el nacimiento de la idea y parte de su ejecución, a Rosalba Casas y al Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM que me recibió en esta magnífica instancia de trabajo y que no dudó en apoyar la publicación. Debo subrayar lo grato que es para mí publicar un libro en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, institución que hace décadas ha venido contribuyendo al desarrollo de las ciencias sociales en México y que ha sabido articular innovación con tradición en sus distintas propuestas académicas. Un agradecimiento especial a Teresa Carbó, Raymundo Mier y Gilberto Giménez por aceptar comentar el contenido, y compartir esta noche de festejo. Gracias por haberlo leído y habernos regalado unas palabras sobre sus debilidades y aciertos, saliendo de los políticamente pertinentes elogios a la obra y los autores, y tomándose en serio la lectura. Ya se ha dicho que la mejor manera de honrar a un autor es criticándolo.

Gracias a la Casa de las Humanidades por este espacio abierto y promotor de la discusión académica. Y como decía que un libro es un motivo de celebración, que la palabra se retire y que abra paso al vino para que continúe la fiesta. Muchas gracias.

Buenas noches.

Hugo José Suárez
Octubre 2008

lunes, 27 de octubre de 2008

Reunión


¿Por qué una historia tantas veces contada puede seguir llamando nuestra atención? ¿Qué no se ha dicho de El Che? ¿Qué más se puede decir? No sé, es como ir a ver el Titanic conociendo el final e igual disfrutar de la historia harto conocida.

Encontrarse con Reunión (Ed. Libros del zorro rojo, 2007) es toparse con tres argentinos extraordinarios: el Che, Cortázar, Breccia. El primero pone la historia, el segundo la pluma, y el último el trazo. Entre los tres tejen el ambiente, la pluma dialoga con la imagen con igual importancia y narran el duro tránsito del guerrillero por la Sierra cubana antes del accidentado encuentro con Luis (Fidel). En la travesía la esperanza y la muerte juegan un rol similar, compiten buscando protagonismo, y al final queda claro que no hay esperanza sin muerte, pero la victoria le pertenece a la primera.

Reunión es una unión con la historia épica, es un guiño de los inmortales que interpelan nuestra vida cotidiana.

lunes, 13 de octubre de 2008

El tiempo de las cholitas


Cuando vi esta foto de David Mercado publicada en La Jornada, quedé impactado. Tardé mucho en escribir sobre ella porque me provoca muchas cosas. Por un lado, el valor estético, la composición, el juego de las polleras moviéndose al ritmo de los colores. Me conmueve más que ver a Lorena Ochoa ganando una de sus tantas medallas en un torneo internacional. Pero por otro lado, me lleva a reflexiones inacabadas sobre el tema, al sin sentido de una chola –ubicada abajo en la escala social boliviana- practicando el deporte más hermético y distintivo de la élite. La cholita que ahora se convierte en imagen for export, que es retratada cuando practica “lucha libre”, cuando trabaja como prostituta, cuando enamora en una plaza o, ahora, cuando juega golf. “Tee time for Cholitas”, como titula Reuters un video difundido en Internet. La cholita devenida en algo excéntrico, en una imagen turística, como si no fuera una mujer más que puede hacer cientos de cosas y no tiene por qué llamar la atención. Pero para cierta mirada sorprendida, ella está ahí, donde no debería estar, entre lo insólito y lo sublime, entre lo ridículo y la reivindicación, en una tarde acariciada por el sol paceño.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Comprar sin necesitar

Los martes suelo rentar dos películas de una las tiendas de video que se jacta de ser una de las más grandes en el mundo (8,900 establecimientos en 25 países). Lo hago ese día porque es el único en el que se ofrece un descuento del 50%.

La semana pasada el entusiasta muchacho que atiende en el lugar, en el momento de pagar el alquiler de mi film, me quiso vender una nueva promoción. Su relato inició -como lo hacen los Testigos de Jehová que regularmente tocan las puertas de mi domicilio los domingos muy temprano- con una pregunta:

- ¿Ve usted más de 5 películas al mes?
- Sí –respondí tímidamente-.
- Entonces este paquete le conviene y puede convertirse en un “cliente distinguido”: Si usted paga ahora 60 pesos, le regalamos un CD que tiene valor comercial de 80 pesos; los lunes, miércoles y jueves podrá sacar tres películas pagando solamente dos; al llegar a la quinta película rentada, la sexta será gratis!

Desconfiado como soy de todas las ofertas fáciles del mercado, respondo casi automáticamente “no, muchas gracias”, y en el camino de vuelta a casa, con mis dos películas de martes en la mano, empiezo a hacer cuentas.

El video que querían “regalarme” era una producción de la BBC que, a pesar de ser simpática, no me interesaba y nunca hubiera pagado los 80 pesos de su costo original. El primer argumento se cae solo. Por otro lado, tanto mi presupuesto como la economía de mi tiempo, no me permiten ver más de dos películas a la semana, y eso en el día de la rebaja (el martes). Es decir que la posibilidad de gastar un lunes, miércoles o jueves 60 pesos en dos películas para rentar gratis una tercera extra no me facilitaba la vida: me haría invertir más dinero del que regularmente tengo asignado al consumo fílmico y perturbaría los tiempos que tengo reservados para otras cosas. Finalmente, haciendo cuentas alegres, considerando que se deben invertir 60 pesos para la tarjeta de “miembro distinguido”, y que saco en promedio dos películas por semana (gastando 30 pesos), sólo después de dos semanas y media podría empezar a recuperar mi pequeña inversión, y sería recién luego de dos meses que mis 60 pesos dados inicialmente estarían recuperados y comenzaría a tener una ganancia.

Con lo dinámicas que son estas cosas, en dos meses sólo Dios sabe qué dirían los de la empresa, si continúa la misma política, surgen nuevas ofertas, o cualquier otra ocurrencia.

Como esta experiencia, vivimos inundados de ofertas: “lleve ahora y pague en 18 meses”, “solicite nuestra tarjeta de cliente especial”, “el que nada debe, nada tiene”, etc. Para el caso, no deja de impactarme la sensual presentación del mercado que se empeña en vendernos cosas que no necesitamos o que no se adecúan a nuestras formas de consumo. Lo que les importa, claro está, es vaciar nuestros bolsillos, y no faltan incautos que caen en las seductoras redes. Es la promoción descarada de la cultura de comprar sin necesitar.