jueves, 20 de mayo de 2010

El sapo



El sapo


Paseando por uno de los pasillos de Lovaina la Nueva (Bélgica), una vitrina detiene mi atención. Es una tienda de juegos para niños, y entre tantas cosas, se ofrece un “sapo”. Pero claro, no es un sapo cualquiera. Se trata de un pequeño mueble de unos 50 centímetros de alto, con ocho perforaciones y el batracio encima con la boca abierta. De acuerdo con las instrucciones, el jugador debe agarrar unas fichas que parecen monedas, pararse a dos metros al frente y lanzarlas procurando que caigan en los huecos, o mejor, que pasen por la pequeña boca del sapo. La casa de fabricación: Robert Jorelle (desde 1864). El nombre: El juego del barril. El precio: 136 Euros. La leyenda: Le bois, la noblesse du temps, la mémoire des hommes (La madera, nobleza del tiempo, memoria de los hombres).

El lector paceño ya habrá entendido mi pregunta: ¿Qué hace el tradicional juego de La Paz en una versión infantil en una tienda en Europa? Sumergido en mi ignorancia, y con mi chovinismo cultural encendido, pregunto a los amigos en Bélgica si conocen el juego. Me dicen, para mi sorpresa, que efectivamente era una de sus diversiones de antaño. En la actualidad, el producto es, diríamos, casi un asunto gourmet: lo fabrica un artesano en madera, lo vende en lugares selectos a precios elevados.

Y ahora todo vuelca hacia mis propios recuerdos con el mismo juego en otras circunstancias. Desde niño he visto jugar a los tíos el famoso “Sapo” boliviano en las parrilladas, pero en principio la diversión estaba reservada a los adultos. Era demasiado sofisticado para los pequeños y la posición para lanzar las fichas, relativamente cómica. Recuerdo la atracción que sentía por esa especie de monedas, gruesas y pesadas, y la técnica que había que utilizar para aventarlas al “Sapo” sin que pierdan su horizontalidad. Por supuesto que era imposible hacerlas llegar correctamente a su lugar. En suma: un juego de grandes.

Y en los vaivenes entre mi pasado y el presente, vuelvo a plantearme la pregunta, ahora más sociológica: ¿Qué relación hay entre el juego de acá y el de allá? ¿Cuál fue primero? ¿Cuál recibió influencia del otro? En fin, más preguntas que respuestas, como siempre.