lunes, 6 de septiembre de 2010

Pablo González Casanova. Nuevo libro


Cinco días antes marco en mi agenda: ir el viernes tres de septiembre a la presentación del libro De la sociología del poder a la sociología de la explotación. Pensar América Latina en el Siglo XXI (disponible en Internet), de Pablo González Casanova. Cuando llego al Auditorio Fernando Benítez de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) donde se llevará a cabo el evento, el lugar está repleto. En el pasillo externo los estudiantes sentados en el suelo esperan la transmisión de la señal en una pequeña televisión improvisada. Intentando no pisar a nadie, avanzo entre los cuerpos y logro ubicarme en la puerta; saco provecho de mi altura y alcanzo a mirar el podio. Cinco comentaristas acompañan a Don Pablo: Horacio Cerutti, Luis Hernández Navarro, Gilberto López y Rivas, Marcos Roitman y Rodolfo Stavenhagen; modera el director de la Facultad, Fernando Castañeda.

Cada uno toma la palabra en su turno. Alguno destaca la importancia de su obra sociológica, su creatividad conceptual y pertinencia al construir categorías. Otro subraya sus iniciativas institucionales, la inquietud por abrir y consolidar espacios universitarios desde los cuales se pueda investigar con libertad y autonomía. Por supuesto que se subraya su compromiso, su vínculo con los movimientos sociales más radicales –en el sentido de que se van de la raíz de los problemas-, tanto nacionales –entre otros el zapatismo- como internacionales. Se recuerda su permanente solidaridad con las iniciativas socialistas globales.

Don Pablo es uno de esos intelectuales comprometidos de los años 60 que supo combinar rigurosidad sociológica con posición política contundente. En uno de sus textos clásicos, La democracia en México, afirmaba: “el carácter científico que pueda tener el libro no le quita una intención política”. Como varios lo han dicho, él abrió una agenda de investigación que marcó temas y desafíos durante varias décadas en México y América Latina. Cuando le tocó dirigir distintas instancias universitarias, como la Facultad, el Instituto de Investigaciones Sociales o el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades –en la UNAM-, armó colectivos internacionales que dieron como resultado decenas de libros hoy indispensables para quien quiere entender las dinámicas sociales en el continente. Supo impulsar a colegas y marcar un horizonte intelectual.

Su constante inquietud por entender una sociedad que cambia vertiginosamente, lo obligó a hacer de la renovación una característica de su pensamiento. Cada concepto que elaboró en un determinado momento pegado a la realidad que observaba, lo fue repensando de acuerdo a los nuevos acontecimientos. Pero su capacidad de innovación no fue de la mano con un proceso de derechización como sucedió a tantos académicos que en los setenta fueron progresistas y que en el nuevo siglo terminaron como intelectuales del poder. Comprender, parecería decir Don Pablo, implica criticar; y recordamos inevitablemente a Bourdieu: “Si el sociólogo tiene un papel, éste consiste más bien en dar armas que en dar lecciones”, una sociología que no incomoda, que no devela lo oculto, que ya no es impertinente, deja de ser sociología.

Esa sentencia la construyó González Casanova con su vida, su compromiso y su obra. Por eso cuando toma la palabra para presentar su libro en la Facultad, muchos acudimos a su escucharlo. Y poco antes de terminar el tránsito de los comentaristas con un auditorio todavía lleno, se va la luz. En la oscuridad, el moderador pide silencio para escuchar a Don Pablo sin micrófonos. Con sus ochenta y ocho años y la lucidez que lo caracteriza, se dirige al público silente. Habla del rol del investigador y su vinculación con el movimiento social, de la honestidad de los colegas para discutir y alimentar las discusiones, de la necesidad de pensar en conjunto. Al terminar, agradece la ausencia de la luz, que “nos permitió mayor intimidad”. Aplausos y gritos sellan el encuentro.