jueves, 30 de julio de 2015

Vida de ciudad. El macho en la ciudad -de México-




1. Estoy en la fila del Centro Nacional de las Artes con el objetivo de ver una pieza teatral para niños; claro me acompaña toda la familia. Hay mucha gente. De pronto, una mujer se acerca a la ventanilla saltándose a todos y recoge unos boletos. La protesta es general, pero un padre es más incisivo y le encara el abuso, que es respondido con un palabreo que va subiendo de tono. Hasta aquí, se trata de dos ciudadanos, sin importar el género, que discuten por una arbitrariedad, pero repentinamente ingresa el marido que lo increpa con una afirmación que precede a sus golpes: “¡Metete con un hombre!” Se le abalanza con los puños por delante, lo que provoca un zafarrancho en lo que tenía que ser una tranquila mañana familiar de teatro dominguero. Claro, el marido salió a defender la honra de su mujer, a cumplir el rol de macho que cuida la hembra, siendo que, antes de su brutal participación, si bien la discusión se acaloraba, no dejaba de estar dentro de los márgenes de la convivencia urbana. 

2. Me toca sentarme en el último asiento del bus en la Avenida Miguel Ángel de Quevedo. Cada que puedo intento evitar el transporte público por su implacable incomodidad e ineficiencia, pero a veces no tengo otra salida. A mi lado hay dos señoras y un joven. Vamos rebotando, con la puerta abierta y el frío que penetra por todo el cuerpo. Una mujer le pide al conductor, gritando porque está lejos, que cierre la puerta trasera. Por supuesto que no le hace caso. Repite la solicitud tres veces sin ningún impacto, hasta que el joven que está a mi lado dice con voz varonil y fuerte: "Cierre la puerta porque nos está haciendo frío. Gracias". Inmediatamente la solicitud es cumplida como orden. La mujer sentada a mi derecha comenta: "así había que pedirle, con una voz fuerte, de hombre".


3. En la misma avenida, pero ahora en un trolebús, me toca un incidente entre el chofer y el conductor de un automóvil. No es más que un intercambio de bocinas y amagues de choque típicos del Distrito Federal. Uno de los pasajeros que va parado como yo, de origen popular, tal vez rural, le grita enojado al otro conductor desde dentro del bus -lo que por supuesto se escucha en cada rincón-: "Te he de buscar, te he de madrear". Y todos siguen su camino. 

Hugo José Suárez