jueves, 14 de enero de 2016

15 de enero. 35 años

Lucho se niega a morir. Son 35 años del jueves por la tarde en que partió a su reunión con la Dirección Nacional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria para evaluar las acciones a seguir en contra de la dictadura. Fue el 15 de enero de 1981. Iba a ser una reunión corta, tenía que volver para la cena. Lucho no llegó más, fue torturado y asesinado.

Difícil contar la falta que nos has hecho y que nos haces. No se puede escribir tu ausencia, las palabras no llenan el vacío. Cuánto más vamos a llorarte, Lucho, cuántas lágrimas más van a invocar tu nombre. Yo tenía 11 años, tú 37. Te vi en tu ataúd, vi tu rostro, joven y maltrecho, vi cómo te metieron en la tumba. Vi cómo tu vida tan joven fue arrebatada. No pude ver tu cuerpo destrozado, sólo escuché los relatos de Betina, tu esposa, cómo te encontró. Conocí el mal, conocí la dictadura, conocí el miedo; pero también me enseñaste el valor, la coherencia, la honestidad.

Me guardo muchas cosas. Tu libro Los cuatro días de mi eternidad, el disco con la grabación de la última guitarreada, tu foto, aquella en la que estás mirando hacia un lado, con el cabello un poco largo y la camisa abierta. Además, cientos de recuerdos que se remueven constantemente.

Hoy, para recordarte, escucho bella canción de Entre dos aguas (https://soundcloud.com/entre-dos-aguas/entre-2-aguas-15-de-enero-del), y leo el poema de Jaime Sabines a su padre.

No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.



lunes, 11 de enero de 2016

Desde la perspectiva de un sociólogo

Entrevista de Michelle Guevara (FCPyS - UNAM)

Con camisa de cuadros negros y blancos, chaleco y pantalón beige, un arete en la oreja izquierda, anteojos y un reloj café, muy amablemente me recibió en su oficina el Doctor en Sociología Hugo José Suárez Suárez.

El boliviano es un destacado investigador del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y dentro de sus principales líneas de investigación se encuentran: Sociología de la religión y la cultura, Metodología cualitativa, Sociología visual, Cultura y política en Bolivia.

Con un escritorio en el centro con forma de L, dos computadoras de escritorio sobre la misma, un librero pequeño bajo una ventana que da una increíble vista de Ciudad Universitaria y otro más del lado derecho, un archivero, un pizarrón blanco y un librero grande en un lado de la oficina, el Dr. Suárez y yo comenzamos una conversación que se extendería poco más de lo planeado.

Durante toda la entrevista, el Dr. Hugo Suárez se mostró abierto a cualquier pregunta, y muy amablemente respondió a cada una de ellas, él sentado y con los codos sobre su escritorio y yo sentada del otro lado del mismo, me remití a preguntar. ¿Qué lo motivó para estudiar sociología? ¿Personalidades expertas en  la materia influenciaron en la selección de su profesión?

—Con la mirada hacia arriba para recordar, y acomodándose en su silla— Mi opción por la carrera de sociología viene yo creo que por mi padre, él era sociólogo, finalmente había una afinidad, conocimiento del tema. Realmente uno elige carreras en el fondo con muy poco conocimiento de su contenido y a menudo depende más del horizonte de lo que uno ha escuchado o lo que uno piensa que sería eso y terminé estudiando sociología.

¿En algún momento usted optó por dejar la carrera de sociología o estudiar otra cosa?

Si, hubo distintas tentaciones, una fue comunicación precisamente, estuve un tiempo viendo y explorando; otra fue teología, de hecho por eso me dedico a la religión, tomé varios cursos, en fin; y la otra opción que es algo que no he terminado es la fotografía, trabajo en ella, en mi página web me encargo de utilizarla, dijo el Doctor Suárez jugando con post-its que había en su escritorio.

¿Y la investigación?

Uno de los objetivos de esta entrevista, es justamente conocer un poco más sobre la tarea del investigador, en este caso en sociología, usted como conocedor de esta ardua labor, ¿cuáles cualidades considera que debe tener un buen investigador?

—Se recarga en su silla con los brazos en la nuca, jugando con sus manos, expresa, un investigador en sociología tiene que tener una gran sensibilidad para la sorpresa; una gran capacidad de observación; una curiosidad compulsiva por tratar de responder cosas; ponerse una pregunta y seguir por años, cada pregunta te puede llevar 4 o 5 años para obtener una investigación bien hecha; gran rigurosidad en la búsqueda de responder la pregunta inicial; mucha paciencia y una desconfianza compulsiva por lo que aparece como obvio, si algo tiene que tener un investigador en sociología es no creer prácticamente en nada de lo que parece ser así, pero nada es así.

Ahora, las cosas que a mí me gustan en un investigador son la sensibilidad para la escritura, la observación y la explicación de las cosas, dijo pausadamente.

Después de mencionar todas estas cualidades del buen investigador, entonces, ¿cuál considera que es su motivación a la hora de escoger un tema de investigación?

—Llevando sus manos a la boca, se levanta y se dirige a su librero, me muestra un libro titulado Sociólogos y su sociología, vuelve a sentarse y comienza a hablarme sobre el texto. En el capítulo “Con la religión entre las manos, un itinerario” que yo escribí, precisamente un poco la idea es ver cuáles son las preguntas que yo me he puesto, la sociología avanza a partir de preguntas. Una pregunta nace de la confluencia de varias cosas, el investigador como sujeto y como actor social, además tiene que ver la formación, la trayectoria, y por otro lado el contexto intelectual. De esta manera van confluyendo las cosas, uno va descubriendo, preguntando y analizando. Así nacen las preguntas finalmente con la confluencia de distintos elementos.

—Jugando con su reloj, expresa, una investigación es seria, la primera investigación nace normalmente en el doctorado, este fue uno de los proyectos que marcó mi carrera. Estudié la licenciatura en la UAM Xochimilco y ya estaba muy metido en el tema de la religión. Lo que yo quería entender, era cómo en el caso boliviano, los católicos en los años 50 practicaban un catolicismo muy de derecha, y 20 años más tarde había girado a ser un catolicismo de izquierda muy militante, yo quería entender cómo se había dado ese proceso, respondió.

Resulta muy importante lo que usted menciona, es esa combinación de elementos, la que lleva inclinarse por una rama y escoger un tema, delimitando así eje de la investigación. Pero, con un grado de doctorado, el buen investigador debe apropiarse ya de sus propios métodos para realizar una investigación, entonces ¿cuál es su metodología o qué técnicas utiliza a la hora de hacer una investigación?

—Recoge su cabello y lo peina hacia atrás, toma un marcatextos naranja y responde, la metodología yo creo que está en el corazón de la investigación, que metodológicamente mis investigaciones tengan un valor, que tengan una ruta clara, no utilizar cuestiones muy básicas, sino un problema epistemológico en la metodología y que sea pertinente. Para mí la metodología no ha sido un anexo, viene junto. He utilizado básicamente tres medidas metodológicas, el análisis estructural de contenido en el doctorado —se levanta de nuevo y toma otro libro­—, observar mucho, escribir mucho y hacer una narrativa etnográfica que te permita acercarte al lugar, esa sería la segunda metodología. La fotografía es otra, pero en divisiones menores. —Se expresa con el marcatextos en la mano—.  Finalmente el método lo que te va a permitir va a ser sacarle más jugo a la investigación.

Sociología de la religión y la cultura

¿Por qué investigar sobre la sociología de la religión y la cultura?

Vengo de una familia de tradición católica y eso se conjugaba con una militancia de izquierda por parte de mi padre, por eso alguna vez también quise estudiar teología. Mi inquietud por la religión y la cultura no se refiere en términos de lo espiritual, lo que me interesa es lo que pasa en la cabeza de la gente, en el creyente urbano, y eso te lleva a una idea distinta, de entender por qué la gente opta por determinadas cosas, tanto en el ámbito religioso como en cualquier otro, tomando a la cultura como lo que está en la acción del individuo. Respondió el boliviano recogiendo su cabello.

Hace un rato usted mencionaba que ha publicado algunos artículos en ciertos periódicos, además de su participación en programas de radio y televisión. Como alumno de comunicación es muy común estar en contacto con este tipo de medios, ¿podría hablar un poco sobre su experiencia en dichos medios?

Desde chico he tenido una pata en los medios, siempre me ha gustado escribir, en la licenciatura tenía un profesor que siempre nos pedía que escribiéramos sobre cualquier cosa, y hasta ahora sigo escribiendo, en mi blog trato de subir algunos artículos acompañados de fotografía. Cuando era chico armé un periódico con unos amigos y prácticamente no he dejado de escribir cosas. ­­ —Busca su blog en la computadora y se recoge el cabello, habla de fotos y regresa a la computadora a enseñar algunas, habla de radio y busca links de sus programas— siempre me ha gustado entrevistar a la gente, acompañarlo con fotografías, dijo sonriente.

Como investigador, es fácil pensar que se encuentra en trabajo constante, ¿cuáles son los proyectos en los que ahora usted participa?

Estoy en dos proyectos básicamente, uno es sobre Bolivia, en donde en los últimos años se ha dado una transformación brutal con la llegada de Evo Morales principalmente, para entender qué fue lo que cambio con este proceso de transformación, y lo quiero observar desde mi barrio, donde está mi cuarto, mis cosas, dijo entre risas.

Y por otro lado estoy trabajando un poco sobre la otra cuestión metodológica que utilizo, la etnografía, para hacer una meditación conjuntando algunos cursos que estoy impartiendo, para reflexionar acerca de cómo se escribe la sociología o qué rol juega, la manera, las formas de observación y el sentido que se maneja, eso en términos metodológicos, comentó el boliviano. 

A lo largo de su trayectoria ha participado en distintos proyectos, ya sean por disposición de la institución, en este caso la UNAM, y otros más por gusto propio, sin embargo, ¿ha logrado todo lo que se propuso en esta profesión?

¡Uy! exclamó. No, falta mucho. El sociólogo no se jubila jamás. —Mientras jugaba con sus pulgares y su barba— ahorita estoy trabajando en cuatro proyectos y los que vienen. Sigo escribiendo, estoy con la fotografía, tengo un libro que está listo, solo falta publicarlo, entonces todavía falta mucho. —Retrocediendo con la silla, puso las manos atrás, se volvió a peinar y contó una pequeña anécdota­—. Hice un viaje con mi familia, al pueblo donde mi madre vivió de niña, lo tengo grabado y fue una experiencia muy bella, sobre la cuál quiero trabajar, finalmente aún faltan proyectos, dijo sonriendo.

Agradezco que me haya otorgado un poco de tiempo para poder realizar la entrevista, así como su amabilidad y sinceridad para responder a cada una de las preguntas. Finalmente quisiera terminar con una pregunta más académica, ¿cuál sería un mensaje que daría a un joven estudiante que está pensando en hacer una carrera en sociología, o que quiere inclinarse por el eje de la investigación?


Yo siempre les digo a los estudiantes que escriban, en un blog o en el periódico de la esquina, tener la pluma siempre aceitada; dar clases es también importante, aunque no te paguen; y la tercera y tal vez más importante, es ser observadores compulsivos, planteándote ciertos temas tratando que las observaciones tengan un eje conductor que en dos, cuatro años te permitan tener una bitácora de observaciones; y paralelamente no dejar de leer. —Se recarga de nuevo en su silla­—. Un joven toca la puerta e interrumpe el final de la entrevista.